Algún día ( de Rodrigo Ratero)

Estaba en Bilbao, en la parte de Santurtzi, había venido para recopilar información sobre una novela que transcurría en los ochenta en la margen izquierda. Llevaba allí unos días y aún no había quedado con ella, hablábamos de vez en cuando pero hacía que no la veía más de tres años. Por fin me llamo y quedamos en la salida del metro. Llegué con mi cerveza y me puse a esperarla, al rato la vi y me percaté de que me estaba esperando y yo estaba allí esperándola a ella y no nos habíamos visto, tan sólo nos separaban unos metros, estaba guapisima. Fuimos a por más bebida y nos sentamos en un banco, los dos estábamos un poco cortados, más bien bastante, por suerte el alcohol siempre hace de lubricante a la hora de poder desinhibirse y hablar y poco a poco fue funcionando. Ella decía que estaba cansada de el día anterior, de salir y de trabajar. Cuando fuimos a la zona de las fiestas estaba todo lleno de gente, y no tardamos en conseguir anfetas para su cansancio y mi vergüenza, me sentía por alguna razón un poco estúpido. Después de un rato no se como ocurrió pero la besé ante su negativa de que lo hiciese, no se en que momento pero ya íbamos lo bastante colocados para que nos diese igual. Y empezamos a besarnos como dos adolescentes idiotas, siempre quise hacerlo en todos esos años pero nunca pude o nunca supe, sin embargo a pesar de la borrachera notaba que ella no estaba a gusto. Seguimos bebiendo y de repente agarro mi brazo y me llevo a una calle vacía, nos sentamos en el portal empezó a besarme mientras sobaba mi entrepierna. Empezó a desabrochar mi cinturón, no me hacía demasiada gracia, no es que no quisiese, es que con el ciego que llevaba ni si quiera se me empalmaba. La saco de mis pantalones y me dijo que que ocurría, acto seguido mi polla desapareció en su boca, tras unos cuantos movimientos atrás y adelante mi polla al fin se empalmó. Empecé a tocarla y a besarla, después empezó a chupármela de nuevo, yo miraba la calle los dos extremos y las ventanas, sabía que alguien nos estaba viendo al menos tenía esa impresión pero no veía a nadie. Después me dijo que la follase, se quito la falda y las bragas en el intervalo de tiempo miré las ventanas de nuevo y me desempalme, ella se la metió de en la boca otra vez y lo consiguió de nuevo, me puse encima suya y comencé a follármela, era cojonudo a pesar del dolor que me provocaba el suelo en las rodillas, quise comerle el coño pero me dijo que tenía la regla, después se giró y lo hicimos por detrás, cada vez nos alejábamos más del portal y nos acercábamos más al centro de la calle, ya no me importaba que ningún gilipollas nos viese. Le levantaba la camiseta y apretaba sus tetas, me pedía que la golpease en el culo y yo lo hacía mientras veía nuestro reflejo en el cristal del portal. Finalmente acabé con las manos y la polla llena de sangre seca y cuarteada que comenzaba a picarme, no me importó demasiado. Tras el polvo creo que todo cambió, apenas lo recuerdo, pillamos más anfetas y ella se fue en el primer metro a casa, no pude convencerla que se quedase. Terminé con dolor de polla y corazón. A pesar de todos los encuentros sexuales, divertidos o sórdidos o extraños que he tenido en mi vida, en calles, baños, coches, trenes, montes, con gente que amaba, gente que apenas conocía, o incluso gente que odiaba creo que este es el único del que me arrepentía y el que siempre soñaré con repetir.

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