Ansiedad ( de Rodrigo Ratero )

  Ansiedad:estado de ánimo de inquietud, temor y nerviosismo, angustia de algunas enfermedades psiquiátricas.

  No pude dormir en toda la noche a causa de está ansiedad que me comía por dentro, por culpa de ella, mil ideas pululaban por mí cabeza, ideas que me impedían dormir. Estuve toda la noche bebiendo para paliarla, pero sólo se exacerbó más. Pensaba en que estaba haciendo ella sin mí, desde que me abandonó la ansiedad apareció junto a mí y poco a poco se convirtió en mi fiel compañera, como mi sombra. Me sentía agotado, perdido, ningún camello cogía mi móvil, eran las seis y cincuenta y cinco de un lunes de invierno. Finalmente contacté con uno, en Torrejón De Ardoz, me vestí y bajé a la calle. Llovía y hacía frío, fui hacía la estación de cercanías y antes de subir al tren me tomé un par de cafés bien cargados, estaba muerto de cansancio. Después saqué mi petaca del bolsillo y le dí un buen trago mientras esperaba que llegase el puto tren. Subí y me senté junto a una sudamericana y unas niñas con uniforme colegial. En la segunda estación se subió un yonqui pidiendo para comer, no era el único que madrugaba ese día para conseguir su dosis. De repente algo se empezó a mover en mi estomago, vibraba y unas enormes ganas de cagar se apoderaron de mí, mi estomago rugía una de las pequeñas niñas me miraba, como preguntándose que era ese sonido. Traté de aguantar, pero las ganas eran cada vez más intensas, después de haber bebido toda la noche y esos dos cafés mi estomago no podía más. Aproveche el tumulto de la siguiente estación para ir hasta el baño de el tren, me senté en la taza y empecé a vaciar mi estomago, salía como un chorro, completamente líquido y apestoso que embriagaba aquella pequeña estancia donde apenas entraba. Entonces algo explotó, me caí de la taza y empecé dejé de escuchar, sólo escuchaba un pitido continuo, pensé por un momento que habían sido mis intestinos, pero no. Me encontraba en el suelo el compartimente se había reducido a la mitad, estaba cubierto de sangre y heces liquidas y con la cara pegada en el suelo. Me levante como pude, tenía unos trozos de metal clavados en el brazo, creo que la chapa del lavabo se había convertido en una suerte de metralla. Intenté salir pero la puerta del baño estaba deformada y atascada, la golpeé con fuerza una y otra vez, después de un rato dándole la abrí y salí de allí, todo estaba lleno de sangre, gente por el suelo y cristales rotos, la niña del uniforme colegial se arrastraba hacía a mi. Su tronco estaba separado de sus piernas, tan sólo unido por un amasijo de tripas purulentas que colgaban de ella. Seguía sin oír nada tan sólo ese maldito pitido, la gente gritaba y se lamentaba, pero yo no oía nada. Por una de las ventanas rotas conseguí salir fuera del tren. Debía haber sido una bomba o un choque frontal de trenes, algunos vagones habían descarrilado. Todo estaba lleno de miembros y gente agonizando por el suelo. Empecé andar lejos de allí, se acercaban cientos de curiosos, mientras yo seguía alejándome con ese pitido como única banda sonora, muchos intentaron ayudarme pero yo me los quité de encima como pude y seguí caminado hasta alejarme lejos de las vías, el tráfico fuera de allí se había paralizado, caminé un poco más y me metí en un bar. Pedí una cerveza, la gente me miraba extrañada, el camarero me dijo algo, pero seguía sin oír, insistí en lo de mi cerveza y finalmente me la puso. La gente me miraba asombrada, es normal, debía apestar. Me tomé unas cuantas cervezas más, después vi que la policía se acercaba al bar y me largué de allí, estaba borracho y dolorido, pero extrañamente me sentía por primera vez en mucho tiempo fuerte y seguro de mi mismo. Fui hasta la casa de ella, por fin me sentía con valor para hablar seriamente de lo nuestro. Cuando llegué me abrió la puerta.

-¿De donde vienes? ¿Qué te ha pasado? –acerté a leer en sus labios.
-Quiero hablar contigo…
  Todo se empezaba a nublar, la agarré y traté de hablar con ella, todo me daba vueltas, ella trató de soltarse y yo la agarré más fuerte y todo se desvaneció.
  Desperté varios días después en el hospital, la ansiedad había desparecido, quizá por toda la medicación que llevaba encima, según el médico también había desaparecido gran movilidad de mi brazo, quizá por las heridas. Pero no todo eran pérdidas, también había conseguido algo de ella, una denuncia y una orden de alejamiento.

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