Beber y escribir ( de Rodrigo Ratero)

Escribir

Tras una noche poblada de sueños sin sentido despierto con el estómago dado la vuelta. Me arrastro como un zombie hasta el baño y echo una meada de proporciones bíblicas, me siento en el sofá con la cabeza como recién salida de una licuadora, mi perra que está aún durmiendo en el sofá se reincorpora, se estira frente a  mi, me lame la mano un par de veces y me mira como diciendo
-Estás destrozando tu vida
Aunque seguramente tan solo quiera que le eche comida y la baje a la calle, me acerqué a la nevera y la cara se me iluminó, detrás de unos yogures pasados y un  tupper con una especie de guiso del paleolítico inferior que hacía tiempo había empezado a criar hongos y otras formas de vida en una suerte de microcosmos repugnante, se hallaba, reluciente, helada y triunfante una cerveza de medio litro que olvide beberme anoche entre peli y peli de explotation italiana. La cogí y me senté al ordenador, era hora de ponerse de nuevo a escribir, debía un articulo o relato a una de las revista en las que suelo escribir, el plazo acababa y aún no tenía nada hecho. Bukowski decía que escribir podía ser una trampa, yo digo que sin cerveza escribir lo que es es una puta mierda. Encendí el portátil, puse un disco de Burzum, “Filosofem” el black metal me encanta para escribir, es oscuro y pesado casi hipnótico, ayuda a pensar, al menos a mi, para otros es ruido y para mi el ruido son los otros, en fin… puse el citado plástico a un volumen razonable ya que mi novia dormía aún, encendí un cigarrillo, tan sólo llevaba la mitad mientras pensaba como proseguir mi nueva novela y mi estómago empezó a cobrar vida propia, como si tuviese dentro una de esas criaturas de alien, fui rápidamente al baño y descargué una masa líquida y negruzca como los chavales que venden películas piratas en el metro ¡Mierda! Otra vez había olvidado comprar papel, busqué desesperado por el baño sin despegar mi ancas del frío mármol para no pringar el suelo con mi aceite usado con olor a vinacho y a derrota, al final vi una biblia que había encontrado en un contenedor hace un tiempo y por alguna razón había dejado en el baño, limpié mi culo con una epístola de San Pablo a no sé quien, me hice polvo el culo, me levanté y tiré el resto del libro sagrado a mi perra, que tardó tan sólo unos segundos en comenzar a destrozarlo, todo un manuscrito de siglos de verdad fé echo añicos por  un cachorro de boxer. Ya aliviado pero algo resentido en mi puerta de atrás me senté de nuevo al ordenador. Antes de empezar a escribir abrí la cerveza y pensé unos segundos
-Quizá está cerveza llevé aquí tanto tiempo como ese viejo tupper,
entonces leí en la lata “consumir preferentemente antes del: mirar la parte inferior del embase. Lo hice sin vacilar y ¡Adiós! Toda la cerveza cayó sobre el portátil, comenzaron a saltar chispas y el disco de Burzum se paraba, alargaba de una forma tan extraña que por unos segundos sonó parecido a un disco de Abba. Después se apagó, rápidamente desenchufé el aparato, me quedé unos segundos mirando el ordenador tratando de asimilar lo que había echo, mi perra me miraba desde el sofá con un para de hojas del Apocalipsis colgando de su hocico, de repente sonó el teléfono. Era mi editor
-¿Que pasa con el articulo tío? La revista entra a la imprenta en dos días y sólo falta tu relato
-Tranquilo, ya lo he terminado… Hoy mismo te lo mando
-De acuerdo. Gracias. Y no te olvides de mandarlo hoy…
-Descuida…
Copié este texto que estás leyendo en la parte interior de la pasta de la Biblia y añadí

P.D: Estoy sin un duro y necesito un ordenador nuevo…

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