Claridad en la boca del lobo ( de Jéssica Pancorbo)

Sueño en la boca del lobo

¿Qué es el sueño? Es quizá una máquina del tiempo poderosa que nos hace viajar e incluso modificar nuestras vidas. En sueños nos encontramos encantadores, poseedores de todo tipo de gran poder, maestros del presente y del futuro. Las manzanas se arremolinan en mis pies mientras la dolencia trepa con paso firmes sobre las paredes de ésta, mi habitación.

Famélica de ternura me extenúo cada noche en la demencia. Mi cuerpo parece saber que está muerto, sabe que todo lo que me rodea es incierto y que todo un día desaparecerá. Un día perdí todo lo que tuve y no hay nada que pueda prepararte para ese día. Ni la religión, ni la fe… nada es capaz de llenar ese vacío al que ultrajado nos vemos. Sentí en mi propio vacío que nunca podré olvidar y que nunca podré perdonar. Las rosas se marchitan en mi mano, es una cruel caricatura de lo que le ocurre a mi mente. Que alguien aparte estas pesadillas de aquí, son como vampiros que arrancan mi vida mientras duermo, son los que portan malos augurios.

Recuerdo a aquella mujer… se parecía a la de aquél anuncio… ¿Cómo se llamaba? Bueno, lo que decía, se parecía tanto a ella. Estaba preciosa pese a su dolor, porque le dolía mucho y le dolía dentro. Su vientre estaba hinchado…mientras daba a luz su pelo se ensortijaba en su cara impidiendo ver su rostro, pegado a su cara por los sudores del parto. No consigo ver sus ojos…esos ojos tan bonitos. Su mandíbula parece desencajarse de lo que grita, no me gusta escuchar a la gente gritando, me duele la cabeza, necesito dormir un poco más. Su feminidad dilatada, como un túnel del amor abierto a mis experiencias más libidinosas. Se agita y vuelve a gritar. Por favor, que todo pare. Un sueño construido a base de Dopamina, Dormicun y tranquimazin.

Una camada de serpientes surgen bañadas en sangre de su matriz, como visión apocalíptica que destroza sus entrañas. El nor mucoll y el cloruro potásico cayendo del cielo como lluvia de pequeñas pastillas blancas. Las serpientes se enroscan en sus muslos de porcelana blanca. Ella ya no grita, su cuerpo ha muerto. Su carne es masticada por esas mismas serpientes que surgieron de su vientre. Mis labios están secos, agrietados, ya no sangran mis heridas físicas, puesto que en mi corazón un torrente de sangre se precipita hacia el infinito. No existe mayor terror que el que procesa una carcajada desesperada y unas manos enguantadas mostrando un revólver reluciente. A lo lejos se observa como una mano espectral que esconde un rostro. Las luces se van apagando una tras otra sin ningún orden determinado…Todo se desvanece.

Todo se resquebraja cada vez que discutimos y la distancia aparece y el dolor vuelve, el dolor siempre vuelve.

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