Dia de lluvia ( de Rodrigo Ratero )

  Desperté, anoche debí beber demasiado, mi boca estaba seca y sabía a una mezcla entre ceniza y hierro procedente de la sangre seca de mis encías. Me tambalee hasta el baño y me incliné para beber del grifo, mierda, sabía a asquerosa tubería y a tierra… La vida sabe a puta mierda. Había tenido un sueño muy extraño aquella noche, soñé que encontraba una pistola, era un revolver precioso, brillante y plateado y con las empuñadura blancas. Estaba con el tambor repleto de balas, me puse muy contento, recorrí los bares con el en el bolsillo, me sentía seguro, aunque nunca suele pasar nada… Pensaba una y otra vez a quien iba a disparar, se me pasaron por la cabeza muchas opciones, pero al final no disparé a nadie, sólo deambulé con el revolver, en el final del sueño llegaba a casa y convencido de usar ese arma que me había caído del cielo lo saqué lo apreté contra mi puta cabeza y… desperté. Una angustia horrible que ya conocía bien envolvía todo mi cuerpo, no se si por el sueño o por haber despertado. Me lavé la cara y bajé a la calle, estaba lloviendo y las gotas de lluvia y el aire trataban de acabar de despertarme. Caminaba sin rumbo, solitario, cruce por la puerta de un supermercado, allí se amontonaban muchas señoras con sus carritos de la compra y sus paraguas de colores muertos, al pasar una de ellas casi me mete el paraguas en el ojo, golpeándome finalmente la frente, ni siquiera se disculpó. Quise tirarla al suelo y reventarle la cabeza a patadas con saña, pero en lugar de ello entre en el súper y compre un litro de cerveza. Me senté en un oscuro portal y me lo bebí tranquilamente, la gente pasaba apresurada a sus trabajos, en Madrid hay tanta gente que terminas por sentirte sólo, es un hecho. Pensaba en lo que tuve y había perdido por mí mala cabeza, la cerveza ya no me sabía a nada, nada me sabía nada. Observaba a las mujeres que pasaban delante del portal de una forma cauta, luego bajaba la vista y veía mis ropas raídas, mi pelo goteaba agua sobre mi cara, la lluvia se había hecho más intensa. Al cabo de un rato se terminó el litro, antes de que pudiese levantarme a buscar otro una chica se detuvo delante de mí, era preciosa, silenciosa e inmaculada como si la lluvia a ella no pudiese mojarle, brillaba con luz propia delante de toda esa gente y esa calle gris. Me ofreció su mano y la cogí me arrastró unos metros y perdí la consciencia. De repente desperté de nuevo estaba en el hospital, en una camilla que alguien empujaba a toda velocidad mientras alguien me ponía una mascarilla en la cara, era esa chica, tan brillante como antes, bajo la luz de los fluorescentes y con su impecable bata de enfermera. Creo que al final lo único cierto es que encontré un arma y me disparé y lo demás había sido un sueño, o quizá esto estaba siendo un sueño dentro de otro sueño, entonces empezó a dolerme terriblemente la cabeza.

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