Dolores ( de J.Mala Muerte )

Perdí la virginidad anal con la cara clavada en el salpicadero de un Citroën, a los 15 años, tras entender que no se puede vivir solo de las mamadas a 20 euros, de que llega un momento, que es más cara la droga que el cuerpo, con un chaval no más mayor que yo, que supongo que no podría follar por feo, y le cobré la tontería 50 euros, no veas, el pibe se olía que era virgen por el culo y sí que olió, sí, a mierda. Todo esto pienso mientras se la chupo a un camionero en el aparcamiento, con mi lengua rodeando su arrugada polla, sus sudorosas manos me agarran el pelo y empujan más adentro, debe llevar un tiempo sin tener sexo, el viejo. Solo hay una cosa que aún hoy, con 30 años, me resulta patético, y es oír a un hombre gemir. Tengo que descojonarme, no aguanto, ¿sabes? Es como si fueran niñas perdiendo la inocencia, “¡oh! ¡ah!”, normalmente cuando voy pedo me suelo reír de ellos, y no veas si se pillan cabreo, los tios, hay alguno que otro que me tira de una patada y me deja ahí sola, partiéndome la caja, me he llevado palizas, eso también, pero no solo por eso, y bueno, qué se le va a hacer, lo que sea. En uno de mis profundos pensamientos noto el amargo sabor del semen. Estaba tan concentrada que no lo noté venir, y casi me lo trago. Abro con dificultad la puerta del camión y lo escupo. Le doy las buenas noches al camionero, “hasta luego guapa”, me dice, si dios quiere no volveré a verte la cara en la vida, hijo de puta. Me acuerdo de cuando follaba por placer con todos esos tios jóvenes y guapos y jodidamente brillantes, y me tragaba sus corridas porque les quería, porque sentía que les debía algo, porque me sabía a gloria, al vino de sus cerebros. No te pongas nostálgica, Dolores, maja, tienes 60 euros en el bolso, vuelves al barrio andando, hace una noche cojonuda, el cielo de Salamanca está estrellado, la Luna llena y tal vez por eso te acuerdas del gallego, que te solía decir “mira parriba a las 12 de la noche todos los días nena, que yo haré lo mismo”, y aunque sepas que hace ya tiempo que los dos dejasteis de hacerlo, sonríes porque, sabes que en algún lugar del mundo él también estará sonriendo.

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