¿ Dónde está mi noche? ( de José María Bermúdez Silva “Chirri”)

Noche PerfectaLa sombra de la botella de tequila “José Cuervo” planeaba por la atmósfera del salón de su casa. Sus efluvios ya empezaban a hacer mella y efecto en su cabeza cuando decidió salir al balcón. Encendió un cigarrillo envuelto en el aire nocturno, y tras una profunda calada las volutas de humo se perdieron en el cielo de la noche, que en esos momentos era de terciopelo negro, engarzado por una legión de brillantes estrellas que refulgían de un azul eléctrico exultante. Todo ello, orquestado por una luna que bañaba los tejados de su melancólico y triste barrio. Se quedó unos instantes contemplando esa sinfonía de colores, absorto en la belleza de ese retazo de universo. Le dio una segunda calada al cigarro y miró hacia abajo, ¡ CUÁN DISTINTO ERA EL PAISAJE!, pensó, por las sucias y angostas callejuelas que lo formaban. Tal vez ese paisaje reflejaba lo que llevaba dentro y en lo que se había convertido. Llevaba unos días cabalgando a lomos de su depresión de “caballo”, a un galope cada vez más vertiginoso. Miró su reloj, hacía más de una hora que estaba esperando a su camello y maldecía su demora, tanto, que volvió al salón a acabar la mitad de la botella de tequila que aun quedaba. La cabeza le empezaba a dar vueltas como el ventilador que tenía en frente, cuyo aire lo atemperaba.

Había decidido que esa noche se la tomaría a modo de terapia salvaje. Pretendía desintoxicarse de todos los malos pensamientos y de todos los malos rollos que lo rodeaban. Llamaron a la puerta de casa.

_ Por fin, viva México cabrones!_ vociferó jovialmente influenciado por el tequila, mientras se dirigía a abrir. El individuo en cuestión que en esos momentos entró en casa tenía toda la pinta de haber salido del “summer of love”, como si hubiera venido en una máquina del tiempo, con su media melena desaliñada y una camiseta con el símbolo de la paz.

_ ¿Cómo has tardado tanto?, voy a tener que cambiar de camello!¿Qué has cruzado el puto desierto?_ le dijo sarcásticamente.

_ El tráfico que está intratable, he pillado un atasco

_ ¿Tráfico?, suena diferente viniendo de ti. ¿Lo has traído?

_ Aquí lo tienes

Puso los dos gramos de cocaína que le había encargado en la mesita del salón, le pagó y tras hacer la pequeña transacción, el camello desapareció, como si se metiera de nuevo en la máquina del tiempo. Se dio una ducha y se puso su mejor traje. Decidió ponerle banda sonora a la situación y las notas de la canción “cocaine” de Eric Clapton invadieron el aire y se mezclaron esta vez, con un Johnny Walker ( su santo grial con dos piedras de hielo). La “dama blanca” hizo el resto del trabajo. Se acicaló ante el espejo y cuando estaba a punto de salir, volvieron a llamar a la puerta.

La silueta que apareció ante él era de la persona que unos días atrás le había rasgado el alma, se quedó mudo y ella, rompió el silencio.

_ Vengo a recoger mis cosas_ dijo de manera lacónica.

Después de unos años de relación y de la noche a la mañana, ella, había decidido dejarle. Él llevaba unos días encerrado en su pequeño infierno de pena negra, y esa noche que pensaba resarcirse y evadirse, volvieron los fantasmas.

_ No has encontrado otro momento en tu agenda para recoger tus cosas_ le dijo a ella mientras le invitaba a pasar.

_ Mañana salgo de viaje y necesitaba mis cosas_ contestó ella sin mirarle a los ojos.

_ ¿Huyes del pasado?

_ Intento hacer mi vida

_ Ah!, me olvidaba de tu obsesivo empeño por encontrar siempre algo mejor para ti.

_ No he venido a discutir

_ Tus cosas están en el pasillo, en esa caja.

Mientras ella comprobaba el contenido de la caja, él se servía otro Johnny Walker.

_ Veo que no vas a cambiar nunca_ le espetó tras dar un primer sorbo.

_ ¿ A qué demonios te refieres?_ replicó ella.

_ Me refiero a que juegas con los sentimientos de la gente, a que solo te importas tú, a que para ti solamente existe una cosa, tu exclusiva felicidad, los que estén a tu alrededor no te importan una mierda.

_ Jajá, no me hagas reír.

_ Sabes que tengo razón, por eso reaccionas con esa risa nerviosa.

_ Que te den, hijo de puta! ¿cuál es tu problema?_ apuntilló ella, esta vez mirándole a los ojos.

_ Mi problema es ver que, en cuanto se han torcido las cosas has abandonado el barco a la primera de cambio_ replicó él contundentemente, dejándola muda y pensativa, como si hubiera dado en el clavo, momento que aprovechó para seguir con su diatriba y decirle todo lo que llevaba dentro.

_ Eres como una flor de metal, bella, pero sin esencia, o como una botella de champán sin su contenido, es decir, sugerente, pero vacía, encajas perfectamente como sinónimo de la palabra “hielo”, eres un abrazo al aire, un trago a un vaso vacío y añadiré por último, que eres como la coca cola, que por más que vende, no para de promocionarse._ esta última frase la dijo arrastrando las palabras y pareció que ni el ventilador en esos momentos fue capaz de llevárselas. Quedaron suspendidas en el aire mientras a él se le ponían los ojos vidriosos.

Ella lo miró, soltó una carcajada sonora,(muy parecida a la risa nerviosa que había mostrado unos momentos antes) abrió la puerta y se fue. Él también salió al pasillo y empezó a gritarle mientras ella bajaba las escaleras.

_ Sí, vete, vete ahora que has bautizado a mi pena con tu nombre!, vete ahora que tu recuerdo no dejará de perturbar a mi olvido!, vete y no vuelvas a mi vida y ni se te ocurra aparecer en mis sueños!_ pronunció con toda su furia mientras se oía el sonido de la puerta de la calle al cerrarse.

Entró de nuevo en casa, un vaso de whisky vacío, el sonido del ventilador como banda sonora mientras su rabia buscaba una salida. Todavía oía la carcajada de ella en su cabeza. Se sirvió otra copa y puso el tema de “satisfaction” de los Rolling Stone a todo volumen. Bebió de un trago la copa y volvió a servirse otra. Decidió esnifar, y se dedicó un buen homenaje. ¡Ahora ya estoy preparado para salir!, pensó, y de nuevo, llamaron a la puerta.

_ ¿Qué es esto un puto consultorio?¿Quién será ahora?_ dijo mientras abría la puerta.

Era el vecino del piso de arriba con una máscara de furia en su cara.

_ ¿Puedes bajar el volumen de la música? ¡Se oye por todo el bloque!_ le espetó el vecino con cara de pocos amigos.

_ ¿ Y a ti que mosca te ha picado para venir de estas maneras?. Estaba a punto de salir de casa bien motivado, pero acabas de fastidiarme en la parrilla de salida. ¡Vete al infierno!_ le contestó y le cerró la puerta en sus narices.

_ ¡Llamaré a la policía!_ gritó el vecino al otro lado de la puerta.

No podía creerlo, parecía que el mundo se había confabulado para impedir que esa noche pudiera evadirse de sus problemas, él solo pedía eso y sentía que la vida también le negaba esa petición. Quiso motivarse de nuevo y volvió a servirse otra copa. Se la tomó en el balcón mirando al cielo mientras profería insultos al universo. La música seguía sonando, tampoco se había molestado en bajar el volumen y cuando se disponía por fin a salir de casa; de nuevo, llamaron a la puerta.

_ ¡Policía, abra la puerta!

_ ¡Me cago en la penumbra de mi perfilada pena!, ¡los que faltaban por venir!_ vociferó mientras sacaba un cigarrillo y lo encendía.

_ ¡Abra la puerta, policía!

Abrió la puerta.

_ Hemos recibido una llamada de que aquí se estaba alterando el orden público, quite la música ahora mismo_ le dijo uno de los dos policías.

_ ¿Qué pasa, ustedes no tienen simpatía por los Stone?_ les contestó mientras apagaba el equipo de música.

_ ¿Con quién se cree que está usted hablando?_ replicó el otro de los policías.

Él, apuró una última calada al cigarro, lo apagó en el cenicero y les dijo muy serenamente:

_ Les diré con quien estoy hablando; con alguien que ahora mismo me está interrumpiendo mi terapia particular, efectivamente, sois como la policía en las películas, es decir, venís los últimos cuando ya no hace ninguna puta falta. ¡A chuparla!_ les dijo mientras cogía el tabaco y el mechero para metérselos en el bolsillo.

_ Está usted detenido, tendrá que acompañarnos a comisaría_ le espetó uno de los polis mientras el otro le ponía las esposas.

Por fin salía del piso, pero escoltado por la policía, con las esposas puestas y para ir camino de la comisaría, ¿dónde se había ido su noche de terapia?, se preguntó en el asiento de atrás del coche policial. Tal vez se encuentre en el precioso cielo nocturno que esa noche había contemplado, su terapia convertida en estrella, pero en estrella fugaz, pensó para sus adentros.

Entraron en la jefatura y lo metieron en una habitación donde un policía tomaba nota de su declaración mientras otro lo interrogaba.

_ ¿Por qué puso usted la música a todo volumen e increpó a uno de sus vecinos y faltó al respeto a los dos policías que acudieron a su domicilio?_ así empezó el interrogatorio.

_ Se lo contaré con mucho gusto. Todo ocurrió porque un cuervo mexicano de una conocida bebida alcohólica, no quiero hacer propaganda, empezó a picotear los mil pedazos en los que se hallaba mi corazón tras un encontronazo con una bruja sin escrúpulos.

_ ¿pero qué cojones está diciendo?, limítese a contestar la pregunta_ le soltó el agente con cara de estreñido compungido.

_ Vamos a ver, esto es mi declaración, ¿no?, pues puedo declarar lo que yo quiera, así que deje que su compañero teclee y que no se pierda ni una coma de lo que voy a contar_ le contestó con una amplia sonrisa que delataba un poco el brillo del tequila y el whisky de esa noche.

Los dos policías se miraron, no daban crédito a lo que escuchaban.

_ Está bien, continúe con su versión de los hechos_ le exhortó su interrogador.

_ Gracias; pues en ese momento, “no vino el rey pero tampoco me importó”, como dice la canción. En su lugar mandó a un camello, dudo que fuera de Oriente, pero me trajo un presente para combatir mi desolación.

Los agentes se volvieron a mirar, no sabían si reír o llorar.

_ ¿Hay algún problema?_ le preguntó al policía ante la expresión de su cara.

_ No, ninguno, prosiga, me está gustando su historia_ le replicó el agente con una media sonrisa que no pudo ocultar.

_ Pues ahí andaba yo, intentado evadirme de mi desidia cuando el vecino del tercero, que es un “metomentodo”, adicto a los programas del corazón y a los rumores del patio de luces, se presentó en mi puerta con la excusa del volumen de la música, pero con la ladina intención de saber que es lo que ocurría; lo que pasó a continuación es que yo me convertí en “curiosidad” y él se convirtió en “gato”. Ya saben el dicho…

En esos momentos hizo una leve pausa, observó la cara de los agentes y pensó que era el momento de rematar su declaración.

_ Luego llegaron ustedes, se montaron su película y me trajeron hasta aquí.

Después de la peculiar declaración, los agentes decidieron soltarle, no querían que pasara ni un minuto más en comisaría.

Salió por la puerta y al ver que estaba apunto de llegar el día, se preguntó: ¿Dónde está mi noche?. Tomó dirección hacia su casa, como el pistolero al final de la película que camina solitario hacia la puesta de sol, aunque en su caso era, hacia al amanecer.

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