El buen camino (de Rodrigo Ratero)

El buen camino

De repente sentí un mareo, vomité, resbale con mi propia pota y me vi descansando sobre unos cuantos tropezones de cordero del kebah que comí borracho dios sabe cuanto. Un rato después desperté por el ácido olor de mi vomito, frote mis ojos y limpié mi cara. Era de día. No sé donde coño estaba , palpé mis bolsillos y entendí que alguien me había robado, dinero, móvil y documentación. Luego me sorprendí a mi mismo reflejado en el escaparate de una tienda pija comiendo una lata fría de albóndigas con una navaja oxidada, lo único que quedaba en mi chupa, entonces me di cuenta que algo en mi vida fallaba. Por alguna extraña razón cuando la vida me da la espalda yo le doy la espalda la vida, es algo contraproducente, pero por alguna razón siempre lo hago. Ella me había abandonado, decía que le había jodido la vida… yo me lo creía, quizá porque en eso hubiese algo de verdad. Jodo vidas, jodí la mía y alguna otra, es mi capacidad, lo que se me da bien, incluso haciéndolo involuntariamente. Cuando unos días después se me había pasado la resaca el mono, aunque aún presente el bajón psicológico, sin duda lo peor, decidí cambiar de vida. ¿Como cambia uno de vida? Parece sencillo, pero no lo es. Lo primero es no recurrir a sustancias que si antes eran lúdico festivas ahora se habían convertido en algo necesario. Y una vez prescindes de ello ¿Que?. Buscar algo que te llene que te entretenga, que te aleje de tu antigua viva. ¿Otras drogas? ¿Otra mujer? Vuelvo a tener ganas de vomitar. Aconsejan no juntarte con antiguas amistades relacionadas con tu antigua vida, pero tu ex-pareja ya consiguió eso. ¿Entonces que hacer? Me senté en las escaleras de Lavapiés, instintivamente fui al puto paki a comprar mi litro de cerveza, antes de siquiera comprarla el apestoso e intenso olor a curry encendió mi alarma ¡No puedes beber!

-Hola amigo ¿Cerveza? -dijo el sonriente pakistaní

Lo miré de arriba abajo, di unos pasos hacía atrás si dejar de mirar su estúpida cara, miré unos instantes la nevera de cerveza con nostalgia y huí despavorido hacía las escaleras, me senté, alguien se había dejado uno de esos periódicos gratuitos que regalan en el metro y lo abrí con desgana, fui directamente a la página de sucesos, siempre he sido un morboso y odio el deporte y la política, asíque sólo solía leer los sucesos, rápidamente me fije en una noticia

NUEVO CASO DE VIOLENCIA DOMÉSTICA OTRA MUJER MUERE A MANOS DE SU EXPAREJA

Rápidamente me vino a la cabeza un flashback en el que me veía a mi mismo agarrando a mi ex y estrangulándola, cuando estaba morada y casi se había ahogado vi un litro de cerveza junto a ella, la solté, lo abrí y le dí un gran trago, ella sin si quiera protestar le dio otro trago, saco la pipa el mechero y el flashback se fue a la mierda cuando un negro se sentó junto a mi y me pidió fuego. Me levanté y me fui. Me sentía desolado, ansioso con pensamientos enfermizos y tristes surcando mi cabeza, una sudamericana me frenó en seco delante del semáforo y me dio un folleto en el que decía:

¿Problemas con las adicciones? ¿ Pensamientos suicidas? Parecía como si me hubiesen leído el pensamiento, eran una de esas especie de sectas evángelistas, aunque distaba mucho de todo aquello mi cabeza al ver a está gente lo relacionaba rápidamente con suicidios colectivos y visitantes de otros planetas, demasiadas películas y noticias de sucesos quizá. Guardé el panfleto en el bolsillo y decidí ir esa misma tarde. Cuando entre la gente me perseguía, eran tan amables que daban ganas de pegarles, tanto salvavidas agobia. Entonces el corro de idiotas que me mareaba y preguntaba cosas que había alrededor mío se abrió como una prostituta de montera y un hombre de gafas de pasta se acerco hacía mi con cara benevolente

-Buenas tardes hermano bienvenido… me dijo sonriente

Yo quería salir corriendo pero en vez de eso extendí mi mano y la estreché con aquel gilipollas, tierra trágame. Pensé en guerras, terror, enfermedades en una losa con mi nombre abandonada en mitad de un campo lleno de hierbajos y cráneos quebrados.

-He de irme…-dije tembloroso

-No temas hermano…-dijo él

A pesar de no haber bebido ni una sola gota por alguna razón de repente escupí sobre la cara del pastor. La gente me miraba sorprendida y se alejo de mi unos pasos como si fuese un leproso

Alguien estaba llamando a la policía, salí corriendo chocándome con todo el mundo, al salir del local miré hacía atrás para comprobar que no me seguían sin dejar de correr bajé la cera tropecé y un utilitario de color blanco me llevó por delante. Cuando abrí los ojos no podía moverme, estaba debajo del coche. No podía mover las piernas, y tenía la visión borrosa, la sangre cubría mi cara y solo oía gritos mezclado con el ruido de las sirenas. Pensé que si hubiese seguido mi vida como siempre quizá estará también tirado entre la gente, pero al menos estaría borracho o puesto y podría mover las piernas, quizá tuviese la cara manchada pero de vómito no de sangre, al final siempre despierto cubierto de mis propios fluidos, es un hecho. Cuando al final los del Samur me sacaron de debajo el coche y limpiaron la sangre de mi cara, lo primero que vi es el Cristo que había sobre la enorme cruz que presidia el local evangélista. Nunca he sido creyente, pero aquel golpe me abrió los ojos.

-¡Señor por favor! Pensé ¡Si me sacas de está prometo no volverme a desviar del camino!

Y así fue, acabé en silla de ruedas, pero cumplí mi promesa, lo malo que ahora sólo puedo ir a beber a bares con rampa…

 

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