El día que morí ( de Rodrigo Ratero)

Suicidio fallido

Esa jodida perra no debería haber llegado a casa, la llamé, le dije que estaba bien, dijo que salía con sus amigas, llegaría al día siguiente como muy pronto pero seguramente iría en un par de días, iba a ver a sus viejos y yo aproveché la oportunidad. Nuestra relación estaba tan muerta como la música disco, creo que a ninguno de los dos nos importaba, estábamos juntos por inercia, suena raro, pero es la razón por la que duran la mayoría de las parejas. Yo al verla me imaginaba a Terele Pavez interpretando a la envenenadora de Valencia, pero con un veneno lento y desesperante, así que decidí salir por la puerta de atrás. No estaba triste especialmente, reconozco ser nostálgico y triste por naturaleza pero ese día bebí un poco y decidí acabar con mi vida por aburrimiento. Llené un barreño de agua tibia y cogí la hojilla de afeitar. Hacía frío de cojones. Me metí el calentador en mi habitación y me quité la parte de arriba de la ropa. Puse la puerta atrancada con un cartón y me encerré en mi habitación, Era para que alguien encontrase al perro, el no tenía culpa y no quería que me encontrasen muerto y se comiese mi cuerpo, me imaginaba mi cuerpo hediondo, rodeado de mierdas y meados de perro con parte de mi cuerpo devorado y mis intestinos decorando el pasillo. Pero una vez rajados los brazos y metidos previamente en agua perdí el conocimiento. Entonces apareció ella, mi recuerdo es borroso, también había tomado alguna pastilla todo estaba cubierto de sangre. Me limpió, me cerró las heridas, me salvó, me jodió, me hundió y la odio por eso, aún me preguntaba la payasa que como no dejé una nota…nunca me entendió. Cuando recuperé la consciencia ella estaba llorando diciéndome que no podía con eso y que me iba a dejar, mira después de todo no está tan mal seguir vivo… Al cabo de un tiempo me abandonó y yo a mi vez me abandoné, me fui de la ciudad y acabé en Madrid. De esto hace años, llevo años vagabundeando por Madrid, muerto, en vida pero muerto. Estuve apunto de morir por una paliza que me dieron unos chavales en un cajero, finalmente me recuperé y quedó una incomoda cojera en mi cuerpo. Otra vez en el hospital acabé, me dijeron que tenía cirrosis y que me cuidase más que si seguía bebiendo así me daban seis meses. No paré de beber de hecho bebo más y ya han pasado tres putos años. A veces pienso que soy inmortal y lloro, pero curiosamente me siento muerto desde el día de mi suicidio fallido. Sin alegrías, sin penas, sin amigos y sin siquiera inquietudes. Empujo mi carro oxidado de la compra repleto de recuerdos ajados y cubiertos de mierda con mi cojera y mi mal olor. A veces algunos inviernos me siento frente al sol, me da en la cara y reconozco que por primera vez y a pesar de estar muerto… tengo miedo a morir.

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