El empleado del mes ( de José María Bermudez Silva “Chirri” )

  Era su primer día en el trabajo, y seguramente no esperaba encontrarse con lo que se encontró. Había sido contratado por una empresa que se dedicaba a realizar informes de asesoramiento, estadística e investigación para otras empresas que requerían de servicios especiales. Alzó la mirada ante la majestuosidad del gran edificio, una mole de hormigón, acero y cristal donde se ubicaban las oficinas. Entró, y enseguida se vio absorbido por una decoración minimalista y exquisita, observó el deambular de hombres y mujeres por un mar de papeles y ajetreo bajo la estridente melodía del sonido de los teléfonos, de los teclados de ordenador y las conversaciones y discusiones que fluían y se cruzaban en el ambiente. Parecían gente sofisticada con trajes caros, y de repente se preguntó qué hacía él allí, pensó que quizás se había equivocado al elegir ese trabajo. En estas cavilaciones andaba cuando vio que alguien, un hombre con traje oscuro y envuelto en una nube de estrés se acercó a él.

  – ¿ Eres el nuevo? – le preguntó con autoridad.
  – Si, me dijeron que…
  – Toma – lo interrumpió – aquí tienes un billete de avión para Brasil, debes hacer un informe completo de la situación, las instrucciones van dentro del equipo que llevarás. Volverás en dos días con el trabajo bien hecho ¿ entendido?.

  – Si, vale pero…

  – No hay tiempo, tu avión sale en dos horas.

  Después de sufrir este juego de autoridad y soberbia laboral, y tener la sensación de que estaba dentro de una película de James Bond, no le quedó mas remedio que coger el equipaje que le habían asignado y dirigirse al aeropuerto.

  Unas horas más tarde y obedeciendo a la dirección y señalización que le dio la empresa, se encontró en un rincón del hábitat salvaje del Amazonas. Fue entonces cuando se percató del singular trabajo que le habían encomendado, que no era otro que investigar el terreno y a las gentes de un gran poblado indígena que se encontraban en el sitio donde la empresa quería comenzar la tala de árboles para la preciada madera y para posibles construcciones de ámbito turístico a un bajo y poco ético precio. Hizo fotografías, tomó notas y habló con los indígenas. El nunca había sido un ecologista empedernido, ni tampoco un eufórico defensor de los derechos humanos, pero decidió que su informe iba a se un tanto especial.

  Dos días después estaba en un despacho con el director de la empresa de los informes especiales y el jefe de la empresa que requería servicios especiales. Respiró hondo y le entrego el informe; el cliente empezó a leerlo en voz alta:

  Informe de situación.

  A orillas de un serpenteante, caudaloso y majestuoso río se encuentra un pueblo que carece de nombre al igual que de todo signo y señal de progreso:
  – Esta rodeado de vegetación salvaje, hay todo un vergel a disposición.
  
  – En sus calles predomina la tierra húmeda y la hierba indómita.
  -  Todas sus casas y edificios oficiales son de planta baja y su principal material en su construcción es la madera.
  – Sus gentes viven de la caza y la pesca.
  – Sus habitantes, respaldados y encabezados por su alcalde han denegado todo tipo de asesoramiento y escucha a mensajeros y representantes de otras empresas e instituciones que han acudido allí.
  Pero tengo la certeza de que con la profesionalidad y el buen hacer de su empresa entenderán y obedecerán todos sus propósitos sin ningún tipo de trabas.

  Es mas, agacharan la cabeza y se alegrarán de irse del lugar donde han vivido toda su vida; incluso hasta les harán una fiesta de bienvenida.

  En definitiva, este informe dictamina, que su calculadora de inversión tiene “luz verde”.

  – ¿ Qué demonios significa esto?, ¿ qué tomadura de pelo es esta? – dijo el jefe de la empresa que requería servicios especiales.

  – Le pido perdón en nombre de nuestra empresa – dijo el director de la empresa de informes especiales, que acto seguido con una máscara de furia en la cara miró al autor del informe.

  – ¡ Chico, estas despedido!, no quiero volver a verte, me encargaré personalmente de que ninguna empresa te vuelva a contratar.

  – No diga tonterías, no creo que usted se encargue personalmente de nada, como mucho mandará a alguien que se encargue de ello, probablemente no sepa hacer otra cosa que encargar a la gente – dijo firmemente el chico del informe especial, que se dirigió hacia la puerta, pero dio media vuelta.

  – ¡ Mírense! parecen vástagos contemporáneos de Colón, sus dos empresas, Isabel y Fernando, tanto monta monta tanto. Quieren engañar y aprovecharse de esas gentes como ya hicieron otros hace quinientos años, tienen la intención de sobornar a las autoridades competentes y repartirse el pastel, y me contratan para hacerles de avanzadilla para que les informes como está el percal. ¿ Saben?, me alegro de no ser el empleado del mes, tranquilos, ya se donde está la salida, no necesito contratar a nadie para eso.

  El sonido que hizo la puerta cuando el chico del informe la cerró, dio paso a un silencio sepulcral, y las almas de aquellos hombres volvieron a sus cuerpos, pero desgraciadamente solo fue por unos instantes.

Deja un comentario