El mandala de arena ( de Manuel Sirvent)

Cuando uno vive en una ciudad te atas a ella. Depende de su infortunio tu supervivencia. De su idiosincrasia tu proyección. Mimarla, es lo que haces para por su benevolencia. Cuidar los círculos sociales en los que te apoyas, y hacer de la prudencia una virtud en detrimento de la pasión por vivir, por respetarte.

Cuando sabes que el compromiso con ella se acaba, tu obra termina por ser un mandala de arena, construido hermosamente para ser destruido al instante. Puñaladas traperas, encadenadas en espiral, hasta el epicentro de tu mundo, que estalla cuando ya estas lejos.

Cuando uno vuelve, la ciudad te odia, te insulta, te increpa intentando humillarte con el poder que la envuelve. En cada paso. En cada movimiento. Haciendo alarde, de las cadenas que te ha impuesto, a los que todavía la aman. Cadenas, que llevas con gusto, porque te las has ganado.

Deja un comentario