El patrón (de Manuel Sirvent)

  Dormía en un sofá. A veces me despertaba una luz cegadora que imaginaba en mis sueños, otras me levantaba con la sensación de haber estado en otros lugares habitando otros cuerpos. Hacía meses que no limpiaba el piso, y semanas que no entraba en el resto de las habitaciones. Meaba en litros que alineaba en el suelo, y los paquetes de tabaco se amontonaban en el salón. Recordaba sucesos y me imaginaba las posibles situaciones que me depararían, incluso ensayaba yo solo los diálogos. Pensaba en los colores y en su significado. Estudiaba sus secuencias visuales y adivinaba sus proyecciones y sus consecuencias. Lo mismo me pasaba con los números. Examinaba los gestos y los dotaba de significado. Me costaba mantener una conversación pensando en todas esas cosas a la vez. No era capáz de reaccionar ante los estímulos, pero llegaba a saber incluso antes de que me lo dijeran, incluso antes que ellos mismos, lo que me iban a decir, las indicaciones que me iban a dar o la sensación que me querían trasmitir. Observaba un mundo instantáneo con un trasfondo que nada o poco tenía que ver con lo que se contaba o se decía en ese momento pero que condicionaba o causaban las futuras situaciones. No había casualidades. Todo formaba parte de un patrón, que una vez descifrado se repetía contínuamente en una u otra medida en todas las circustancias de la vida. Pensaba en pensar, me obsesionaba la idea de saber que el cerebro tenía su propio patron de pensamiento. Analizaba las palabras sus efectos en él, recordaba cosas y me dejaba llevar, descubría mi historia, entedía los porqués y las causas. Y un día, cuando me cansé de saber, cuando me cansé de entender, cuando mas perdido en mi mismo estaba, decidí empezar a vivir de nuevo.

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