En la piel ( de José María Bermudez Silva, “Chirri” )

  Un suspiro y un lamento acudieron a su cara. En su mente anidaban la rabia y la impotencia. Su alma se estremeció y un grito ahogado y desgarrador salió desde su corazón cuando tuvo ante sus ojos, la imagen del interior de su frigorífico un día mas, medio vacío. En el que esta vez tan solo medio tarro de mahonesa, dos lonchas de queso y tres filetes eran sus únicos inquilinos.

  Sabia que su cartilla del banco estaba en números rojos, y que en su cartera cada vez había más espacios vacíos. Además aún quedaban bastantes días para que el mes cambiara de nombre en el calendario, y poder cobrar el último pago de subsidio que le quedaba. Hacia tiempo que se había quedado sin trabajo por culpa de la maldita crisis económica, plaga y peste del siglo XXI que nadie parecía saber parar, sobretodo con el método del ” recorte y pega” impuesto por el gobierno, a base de subida de impuestos, recortes en educación y sanidad, retirada de las ayudas económicas y otras medidas por las que los platos rotos los pagaban los obreros rasos, los parados, los pobres… los de siempre. Como él solía decir, ” el gobierno estaba empeñado en practicar el juego de herir al tuerto hasta dejarlo ciego”.

  Una nube negra cruzó por su mente cuando pensó en la hipoteca, que le amenazaba cual losa mortuoria dispuesta a sellar su tumba. Ya había visto los desahucios por televisión, ahora vivir bajo un puente no sonaba a utópico ni surrealista, ahora podía ser tan real y tangible como el interior de su frigorífico. En esos momentos oyó a sus espadas la voz de dos ángeles de cuatro y seis años que decían: ¡ Hola papá!; no pudo evitar que dos lágrimas de rabia encendida y pena líquida bajaran por sus mejillas. Rápidamente se las secó con el dorso de la mano para que sus hijas no lo vieran llorar y las recibió con un beso y la mejor de sus sonrisas. Tras coger un puñado de curriculums y un periódico besó a su amada y preocupada esposa y salió por la puerta en busca de un trabajo salvador.


  Fue dando tumbos de un sitio a otro como tantas otras veces. Pero para él todos los días acababan igual, viendo como los telediarios se empecinaban en mostrar todas las pasarelas de la moda, el lujo y el glamour con toda la que está cayendo; viendo como también había programas sobre grandes mansiones y la gran vida de sus dueños con la cantidad de desahucios que están sucediendo; y los estratosféricos sueldos de futbolistas y políticos de “copete”, mientras a los mileuristas le rebajan los suyos. Y sobre todo, viendo como él era uno de los cinco millones de parados de este pais.
  Pasaban los días y la desesperación y la furia se iban apoderando de él. El trabajo no llegaba pero la orden de desahucio apareció como un fantasma.
  Vendió joyas, televisor…, pero no fue suficiente; y sabía que en este “sálvese que pueda” nadie iba a ayudarlo. Y llegó el día D y la hora H; los infiernos se desataron dentro de él. Llamaron a la puerta los encargados del desahucio acompañados por la policía.

  Salió al balcón con su escopeta de caza que por algún extraño impulso no quiso vender.

  – ¡ Ya pueden irse por donde han venido!.
  Les dijo a la comitiva que se agolpaba a la puerta de su casa; y para que vieran que no iba de farol pegó un tiro al aire.

  Un policía apretó el gatillo de su pistola sin pensárselo y la bala, embajadora de la muerte se instaló en su corazón.

  Y de repente, se despertó de un sueño al oír un murmullo de voces revoloteando a su alrededor:

  – ¡ Mariano, don Mariano, despierte!.
  – ¡ Presidente, señor presidente! ¿ se encuentra bien?.
  – ¡ Una pesadilla, ha sido una pesadilla!. Dijo cuando recuperó el resuello.

  – Pues menudo susto nos ha dado; se había quedado paralizado, totalmente parado.

  – ¿ Parado?, ¡ No, no, parado no!.

  – Ya, ya me encuentro mejor, podré continuar.
  Y desde el atril central del congreso tomó de nuevo la palabra.

  – Mire usted, como le iba diciendo…

  Y todo volvió a ser como antes; parece que no basta con ponerse en el pellejo de alguien, ni siquiera soñarlo para, saber que se siente; sino que hay que pasar exactamente por lo mismo. 
  ¡ CUAN NECIOS ESTOS MORTALES!

Deja un comentario