Excusas ( de Rodrigo Ratero )

excusas

Ella era un impulso con piernas largas, tan largas como su historial judicial, sus complejos, sus traumas, su mala hostia, el maltrato a el que había sido sometido, su paranoia y sus adicciones. La conocí por casualidad en una okupa en Lavapiés, a pesar de todo eso era buena chica, amiga de sus amigos y muy enemiga de sus enemigos, tenía los sentimientos exacerbados, a flor de piel, tanto el odio como el amor. Me gustó enseguida y yo a ella también, no se porque…Nunca lo entenderé. Ella acaba de salir de una relación que aún no había superado y a mi me pasaba lo mismo, hay gente que no sabemos estar sólos, necesitamos a alguien aunque sea para que nos hagan daño, una adicción mutua, atención al fin y al cabo. La cosa fue funcionando con inercia al principio y con mucha insistencia suya al final. Me dejé llevar, ver como te quieren incondicionalmente puede llegar a ser muy agradable. Ella tenía que volver a Bilbao, tenía una serie de causas pendientes, en cuánto solucionó eso volvió a Madrid a verme. Sabía que me traería problemas, era emocionalmente inestable, pero parecía noble y justa. Me abracé a su sueño, me enamoré o no se que me pasó. Su descaro me atraía y me acojonaba a partes iguales, finalmente me tiré a la piscina aunque estuviese vacía y a ella también. Abandoné mi vida, mi barrio, mis amigos y me vine con ella a Bilbao. ¿Sabéis esa sensación de cuando algo va a salir mal? No por ser negativo, ni no poner nada de tu parte, porque simplemente sabes que eso no es viable, lo sabes y no lo quieres ver, como esa herida que sabes que si la tocas empeorará pero no puedes menos que rascarla. Al final vine a casa de sus padres hasta encontrar algo mejor. Su casa era un infierno en la tierra, una familia disfuncional en toda regla, padre alcohólico, violento, madre totalmente desquiciada tan sólo preocupada por el “que dirán” y ajena a los verdaderos problemas, eso sumado a una profunda incultura y una actitud provinciana de la España más negra. Aguanté, aguanté por ella, pero poco, ella tampoco aguantaba más y buscaba en mi una válvula de escape. Los problemas del pasado de ella, heroína, amigos muertos, enfermedades infecciosas, nunca dejaría de perseguir la vida cotidiana de sus padres y huelga a decir que las suyas tampoco, a pesar de llevar años limpia. Realmente merecía otra oportunidad, pero ni ella ni sus padres se las iba a dar, yo se la di. Pero por poco tiempo, una serie de problemas venidos de ese oscuro pasado que le persigue acabó por hacerme largar de allí. Lloré, lloré mucho, me sentí culpable y me siento por no poder ayudarla, la quiero, la querré, pero si algo he aprendido es que lo mejor es no juntarse con una mujer que tenga más problemas que los tuyos. Sinceramente, la abandoné, me siento mal por ello, pero también tengo claro que no la podía ayudar, era como intentar vaciar la ría de Bilbao con un vaso de agua. Su pasado se le aparecía como un fantasma y le acosaba continuamente, era su único tema de conversación, la vida se ceba a menudo con los inocentes, ella no tenía la culpa, pero yo tampoco. Descuidé mis obligaciones para atenderla a ella y sinceramente, me escupió a la cara. Sólo espero que algún día reciba la oportunidad que merece, que llegué a ser feliz. Yo seguiré vomitando en el papel mi desencanto escondido en un cuarto oscuro con cerveza y cigarrillos y soñando con no hacer ni que me hagan más daño. Soñando… claro, mis tripas gritan a menudo su nombre y mi voz rota ya no me habla…. cosa que agradezco en muchas ocasiones. Ahora tocan horas, días, meses, noches de insomnio y muchas cervezas, no para llegar a olvidarla si no para acostumbrarme a no estar con ella.

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