Fin de curso ( de Rodrigo Ratero )

  Silenció sus gritos a pedradas en la cabeza, la orilla del río junto a su fauna fueron los únicos testigos. Lavó sus manos cubiertas de sangre en la orilla cuidadosamente, sin prisa, como si lo que acababa de hacer no tuviese la menor importancia, aunque quizá para el no la tuviese. Después se quedó de pie junto a ella mirándola en silencio, la luna se veía reflejada en el charco de sangre que había en el suelo y cubría ya las piedras más pequeñas. Llevaba todo el curso suspirando por aquella chica, que la costaba haberle hecho un poco de caso… quizá se creía demasiado buena para él, por eso había acabado así. ¿Quién le iba a decir a aquel pobre chico que acabaría con él el día de la cena de fin de curso? En realidad fue todo una casualidad. Ella había bebido demasiado y accedió a que él le llevase a casa en el destartalado coche de su padre. Ella sabía que le gustaba, notaba sus vergonzosas miradas pero nunca vio un peligro en él, era tan triste y patético, sin amigos, todo el mundo se reía a sus espaldas y ni siquiera era un buen estudiante. El había asumido que acabaría trabajando en las tierras de su padre y se graduaría virgen… Pero el vino de la cena de fin de curso le ayudo a convencerse de que las cosas podrían ser diferentes. Quizá estuviese condenado a trabajar aquellas condenadas tierras, pero iba a intentar perder la virginidad con la chica de sus sueños. ¡Y vive dios que lo hizo! Pero se dio cuenta que no era mejor que masturbarse pensando en ella, era más incomodo, más impersonal y sobre todo mucho más frío. 
 
  Por la mañana se dio cuenta de que el destino no existe y cada uno escribe el suyo. Ya no era virgen y ya no terminaría trabajando como un animal en las tierras de su padre… Cayo en cuenta de eso mientras la Guardia Civil lo metía esposado en el Patrol con los sonoros y húmedos llantos de su madre y su abuela como banda sonora.

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