Guerra ( de Rodrigo Ratero)

Hueso de jamón

La guerra es jodida, elocuente afirmación ¿No?, no hablo de terrorismo, de ataques por motivos religiosos camuflados en limpieza étnica o motivos meramente económicos. No, no os voy a taladrar con retórica de mierda .Para eso comprar los periódicos o ver el jodido telediario. Dicen que ha comenzado la tercera guerra mundial, a mi me pilla borracho de cerveza y escuchando a Darkthrone, y en medio de otra guerra, hablo de la guerra interior, la que tiene cada uno por si mismo, consigo mismo, por culpa del dinero, tu mala cabeza, tu conciencia, las mujeres o los hombres, la jodida moral, los abusos, da igual los impartas o los hayas impartido, no necesariamente físicos. La guerra. La guerra individual es la peor, nunca hay posguerra, porque no existe, los momentos de felicidad son treguas de mierda que al igual que la mierda con removerlos un poquino huelen. Me asquea la gente que dice “Otros están peor” “Peor es la muerte”, ¿Que mierda me cuentas? Seguramente sea peor estar en la cárcel con SIDA que mis barruntes sobre nada, ¿Y que? ¿Eso a mi en que me alivia? Suena cabrón, pero así pensamos la gente, no toda, pero desde luego la que no es así por desgracia es una rara avis. El juez está vez no tuvo piedad, eran muchas, las suficientes para entrar en cana, lo tenía asumido, me sorprendió tan poco como a un necrófilo un espasmo muscular cuando el amante muerto pero fresco le escupe a la cara, los gases… No estaba en busca, pero tenía unos días antes de entrar dentro y quería celebrarlo, pa lo que me queda en el convento me cago dentro, pa lo que me queda en la calle me cago en tu puta madre. Esa noche bebí, bebí demasiado. De repente me dio un pálpito y baje a la calle, estaba oscuro pero casi había amanecido. Los primeros bares del barrio empezaban abrir. Me metí en el primero que vi, compre tabaco y me pedí un sol y sombra, “Dame más anís, dame más coña, sangre, sudor y chicles de fresa” Había unos viejos hablando sobre fútbol mientras el mundo se iba a la mierda. Al cabo de un rato llevaba unos cuántos sol y sombra, ya estaba borracho y me puse a discutir con los viejos no sin antes echar una mierda pestilente en el baño del bar, quise usar la escobilla, pero con esos precios en las copas, pensé: que lo limpien ellos. Los viejos insistían en fútbol y política, yo no tengo ni idea de ambas cosas, pero curiosamente en mi ignorancia parecía saber más que ellos

¡Tu que sabrás de la vida! -me dijo uno mientras vomitaba a sus pies

El camarero salió con una mugrienta fregona e insistió en echarme, me negué a pagar si me largaba y me amenazó. Un señor se empeño en pagarme las consumiciones si me largaba, me agarraba por los hombros y me empujaba hacía fuera.

¡Si vuelves a tocarme te reviento! -Dije fuera de mí

La gente del bar empezó hacer piña contra mí. Que bonita la solidaridad. Golpeé a un taxista que comía un bocadillo de lomo con pimientos, el bocadillo salió volando cayendo sobre uno de los futboleros un trozo de pimiento verde asado corono su calva. Para mi todo paso en un segundo, pero luces rojas y azules empezaron a inundar el local, y no, no era un guateque. Entre dentro de la barra, cogí la ya casi finiquitada pata de jamón y golpeé al tendero sudamericano, después me puse en guardia, portando mi pata de jamón como si de un hacha se tratase. El primer madero, el que va de bueno me dijo:

-No te compliques más chaval, suelta eso…

Todo era patético, ¡Ey estamos en España! El agente de buen rollo y seguramente con mujer e hijos idiotas se llevo el primer jamonazo. El otro debía ser nuevo y me apunto con su puta pistola

-¡Dispara maricón dispara!

Tras estás palabras le ataque con mi hacha, y si, efectivamente, disparó, en un bar en el centro. La bala atravesó mi hombro, me dolió, pero no más que discutir con mi ex por la custodia del niño o cagar con almorranas después de una noche de whisky.

Al final llegaron más efectivos y me redujeron. Pero curiosamente acabé como un héroe en el barrio, no solo en el barrio, en los telediarios me sacaban una y otra vez “Joven desempleado ataca a las fuerzas de seguridad con una pata de jamón” Me acabaron soltando, había manifestaciones en mi honor, algunos chavales se hicieron camisetas , fotomontajes de un vikingo con mi cara y una pata de jamón, pero no todo era de color de rosa, cada vez que bebo me vuelvo más gilipollas, y tenía causas pendientes. Acabe preso finalmente, con otra causa más… Lo más cojonudo es que un día en el vis a vis vino a visitarme una tía que no conocía de nada, me llevo una jamón de pata negra, no me dejaron meterlo en mi chabolo. Pero me la folle. No recuerdo su nombre exactamente, pero se que cuando salga me estará esperando. Viva el vino.

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