Haciendo la chapa ( de Rodrigo Ratero )

  Sabía que mi opinión le importaba una mierda, pero le dije que no lo haría. Cuando me quise dar cuenta estaba vendiendo mamadas por Chueca a cambio de putos quince o veinte euros. Supongo que si eres homosexual cuesta menos, yo creo que las circunstancias me han convertido en bisexual…pero no estoy convencido… no estoy convencido de nada. Todo empezó de forma fortuita, yo era dj en un bar de moda y la conocí a ella. Sus vicios en vez de molestarme me fascinaban, parecía conocer la calle a la perfección. Yo venía de un pequeño pueblo y se me tenía por un mafioso porque vendía cuatro porros mal vendidos. Ella supero esa mierda con putos catorce años, le encantaba la coca, el éxtasis, las anfetas y por alguna extraña razón también le gustaba yo. Al principio todo era la hostia, la conocía una noche y de repente me vi viviendo en su piso, era la hostia, todo el día colocados, venía gente continuamente, pillaba, se colocaba y contaba sus historias, ni siquiera había que salir a la puta calle. Todo era cojonudo, fue una gran época en mi vida, la más feliz, curiosamente de la que menos me acuerdo… seguramente estos dos conceptos tengan relación. Cuando algo bueno se repite y se acaba haciendo algo rutinario pierde la gracia… es así. Eso paso… con estar drogado continuamente, con estar follando a todas horas… acaba cansando la sensación de placer de la droga y la sensación de placer de follar con la misma, por mucho que la quieras. Entonces empezamos a buscar de una forma sutil al principio y de una forma descarnada al final nuevas sensaciones. Lo primero que llego fue la coca en base, el volvone, las cucharas. Después el caballo. Esto lleva un proceso, no es tan simple engancharse como sale en las películas pero es tan sencillo en realidad. Ella me sugirió hacer participar un día de borrachera a uno de mis amigos en uno de nuestros juegos sexuales. No me hizo gracia pero ella me seguía fascinando y acepté. Después un día colocado le sugerí hacer lo mismo con una se sus amigas, me golpeo con un litro de cerveza en el salón y tuvimos que llamar al SAMUR. Después de eso olvidamos estos juegos sexuales y nos sumergimos más profundamente en el mundo de la heroína. Ella había conseguido un trabajo poniendo piercing en una tienda de tatuajes, pero empezó a faltar o desaparecer a causa del mono y acabaron despidiéndola. Al final acabé vendiendo mi culo en Chueca, primero sólo pajas, después pase a las mamadas y acabé vendiendo mi culo. Aunque mi especialidad eran las mamadas se corrió la voz e hice una buena clientela. No me forraba pero pagaba mi enganche y el suyo. En una ocasión me negué hacerlo, el mono podía conmigo y regresé al cabo de tan sólo veinticuatro horas .Yo nunca le pedí que se prostituyese ella, no podría con eso… pero como dije aunque costó, ese amor incondicional se hizo rutinario y el enganche mucho más fuerte. La noche que llegué borracho y a las tantas dispuesto a decirle que si quería jaco pusiese el coño ella me la encontré muerta por sobredosis en la cama que llevábamos años compartiendo.

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