Impertérritos mañaneos ( de Rodrigo Ratero)

  Otra vez no se encontraban medios para hacer conciertos, ni salas, ni ayudas, ni apoyo. Las bandas dispuestas y mucho público y no se podía…. Incongruencias. La gente se vio obligada a okupar una antigua fábrica abandonada y celebrar el evento utilizando el sitio como improvisada sala para esa noche. Fue de puta madre. Muchos grupos, grandes grupos, mucha cerveza, grandes tiros… La mañana se nos echo encima y todo el mundo desapareció. Yo iba con un grupo de unos nueve o diez, aguerridos punkis, hasta arriba de todo con ganas de más y a esas horas, como tantas otras veces, sin un duro y cargados de speed. Andamos por la carretera desde la antigua fábrica hasta llegar a la ciudad, Salamanca creo. Una vez llegamos y vimos civilización, gente que iba a trabajar, niños que iban al colegio y ancianos que paseaban nos pusimos a pedir suministros básicos: “Un cigarrito amigo no tendrás” “Señora un eurito por ahí” “Oiga abuelo tiene usted alguna moneda” … Estuvimos así todo el camino a ningún sitio, porque en realidad no teníamos a donde ir. Y apareció ese tío. Una de la punkis se acerco a pedirle a un chaval, ya no tan chaval, de unos cuarenta tacos, parecía un tío normal y no dudo que lo fuese

-Oye tío ¿Tienes un cigarro? –preguntó la chica
-Que va… lo siento –contestó
-¿Y un eurito? Para una cerveza… -insitió
-No lo siento… Si queréis podéis subir a mi casa es aquí mismo allí tengo para beber
La respuesta de los concurrentes no s hizo esperar. De repente ese hombre, con aspecto tímido y reservado había metido en su casa a una jauría hambrienta. Todo era extraño en aquel piso, tenía una maqueta de un satélite colgada con hilo de coco en el salón, parecía construida por un menor o un adulto de educación especial, estaba hecha de canutos de el papel del water y papel de plata. A mi se me paso por la cabeza que ese hombre estaba desprovisto de sus facultades mentales. Guardamos la compostura sobre alrededor de quince minutos. Empezamos a beber todo lo que tenía esnifar, alguien arranco el papel de plata del satélite para fumar un chino. La gente empezó a registrar la casa, el hombre parecía haber desparecido y con el las pocas ganas de comportarse. Dos de los punkis salieron al balcón, bebieron cerveza y fumaron porros hasta quedarse dormidos en el balcón, dos de las habitaciones y el baño fueron ocupados por gente que se puso a follar. Y el salón se convirtió en una improvisaba rave donde la gente esnifaba, bailaba, gritaba y destruía literalmente el mobiliario de la casa. La fiesta se alargó hasta bien entrada la noche. Ya no recuerdo bien como salí de allí ni lo que hice después, pero nunca olvidaré aquel satélite de papel de plata, se me quedo grabado.
Moraleja: Quien con punkis se acuesta, vomitado se levanta.

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