La Biblia de los desencantados (de Rodrigo Ratero)

 

La Biblia de los desencantados

El Chispas dijo, hágase la luz, pillaron cables y todo lo necesario, el Chispas tenía herramienta y a lo largo de ese día , la luz se hizo. Luego los diferentes habitantes de la okupa se las ingeniaba para hacerse el gilipollas a la hora de pagar el material empleado. Al principio se conectó a una farola, el problema es que sólo daba luz por la noche, después al cabo de un mes la cortaron. Más tarde se pinchó en el local de al lado con los mismos resultados y finalmente un día el Chispas y un amigo suyo, un sin techo viejo que parecía tener problemas de equilibrio, fueron con unos chalecos de Unión Fenosa mangados en una obra aledaña y mientras la gente que ya había en la okupa vigilaba las esquinas en grupos, Chispas y su amigo se pusieron manos a la obra. Tuvieron algún percance, el amigo de Chispas tocó un fusible que no era con un destornillador, este quedo soldado a la instalación y el amigo de Chispas, un tal Juan, salió disparado y perdió la visión de un ojo, pero el resto de ocupantes por fin, pudieron ver. El edificio de la calle Virgen de Lluc, situado en el madrileño barrio de Pueblo Nuevo, en la zona este, en el distrito de Ciudad Lineal había sido okupado un par de años antes, necesitaron tres berejes para que alguien les pusiese la luz, tres putos años. Eso decía mucho de la incapacidad de la gente que había dentro de la okupa. El Chispas acababa de llegar le ofrecían un piso a cambio de pinchar la luz. Le llamaban Chispas no porque fuese Chispas, que también, si no porque era su muletilla para todo “¿Como estás Chispas?” “¿Que dices Chispas?” “Lo que tu digas Chispas”. Independientemente si eras hombre o mujer, perro o gato, menor o anciano, el te llamaba y se hacía llamar Chispas. La casa inicialmente la okuparon una extraña pareja, ahora pensándolo no veo en que momento se les ocurrió. Dos chavales, el Fran, un yonqui vieja escuela de los de chupa de cuero, gafas de rock y dentadura incompleta, y el Pijo, un punki costroso de unos veinte años. Se conocían de la plaza del Dos de Mayo, en el barrio de Malasaña. Alli se encontraban y bebían y un día de borrachera fueron, aún no sé quien les dio el santo, ni porque fueron tan lejos, pero abrieron la casa. Y poco a poco fue entrando gente nueva. Tan negados e inútiles, tan viciosos y nihilistas como los dos primeros.

El edificio era la gota que colmaba en vaso en cuanto a la burbuja inmoviliaría, la estafa de las estafas, nuevo si, pero una puta mierda. Paredes de pladur, materiales cutres y baratos, acabados de niño pequeño, se notaba la precariedad del edificio se mirase donde se mirase, por supuesto la inmoviliaría había quebrado, la gente se había quedado sin sus casas, el promotor antes de ser okupada, nos enteramos que había muerto a tiros en el propio garaje del edificio, como en una jodida película. Ahora el edificio no constaba como tal, en el registro aparecía como un solar,nadie puede echarte de un edificio si no existe, ese vacío legal, hizo que atormentasemos ese barrio durante tanto tiempo. Pero no todo era diversión en el paraíso. Antes de entrar estos dos especímenes, habían entrado bandas de gitanos rumanos de las que hacían la quincalla y vivían diez en un coche y treinta en una casa. Los rumanos no vivieron allí pero agujerearon el techo de los pasillos de la okupa y se llevaron el cobre para venderlo a la chatarra, osea que los pisos estaban sin agua y se veían obligados a bajar a la plaza con un carro robado en una gran superficie y tres o cuatro garrafas de veinticinco litros, aunque fuese para colar la mierda en el baño, limpiar y algo de higiene personal, hay algunos que supieron vivir sin agua durante años. Después los punkis garabatearon las paredes con sprays poniendo anarquías, frases de grupos y mierdas similares, eso junto a los butrones del cobre daban un aspecto pos-apocaliptico al edificio.

 

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