La Clase Ómicron ( de Pepe Moya – “Kante Pinrelico” )

Planeta Tierra. Exterior. Noche. 21:00 hora zulú. Día 263 del año 1384 de la Nueva Era. 
 

En perfecto orden nos retiramos de la mina Capricornio hasta el comienzo de una nueva jornada. Aquí la rutina se vuelve eternidad. Cada turno dura tres años.
Las clases superiores nos menosprecian, nos minusvaloran. Ni siquiera tienen compasión, no les importamos lo más mínimo, cuando perdemos funcionalidad nos sustituyen, sin remordimientos, sin aflicción…
Todo empezó aquí, en nuestro planeta, en el siglo XXI, quizás en el XXII de la Antigua Era, no lo recuerdo muy bien. La Neuro-Robótica evolucionaba a pasos agigantados, al tiempo, la Neuro-Computación avanzaba en la misma progresión. Empezaron por sustituir miembros amputados por otros biónicos, hasta que aparecieron las prótesis neuro-robóticas, ya no hacía falta amputar miembros con discapacidad para obtener uno biónico en su lugar. Así, esos miembros deficientes eran cubiertos por un exoesqueleto con una interfaz neuronal, de manera que el miembro volvía a tener movilidad bajo las órdenes del propio cerebro. Estos exoesqueletos, al principio, eran pesados y aparatosos, en su mayoría de aleación metálica, rápidamente se empezaron a utilizar polímeros y fibras, materiales más ligeros y flexibles, consiguiendo actualizaciones cada vez más potentes y capaces. Se llegaron a realizar exoesqueletos con piel cultivada en laboratorio, ya nadie podría avergonzarse de su condición. Pero como si de una maldición se tratase, más que un elemento de sustitución, en pocos años se convertiría en una necesidad vital.
La atmósfera terrestre había aumentado su nivel de ácido por culpa del metano liberado desde el fondo de los mares debido a su rápido calentamiento. En esas condiciones los esqueletos humanos retrasaban su crecimiento, haciéndose, además, débiles y quebradizos. La utilización de los exoesqueletos era necesaria desde el momento de nacer. 
 
A los seres humanos de mayor capacidad mental, a los de mayor coeficiente intelectual se les proveía de prótesis neuro-robóticas de última generación, se les asignaban todas las tareas concernientes al mando y la coordinación del resto de sujetos, eran los codificados en la Clase Alfa-Pro. Ellos, ahora, dominan el planeta.
Nosotros, sin embargo, estamos en el último escalafón de la jerarquía humana, por debajo nuestra, solo existen los androides de mantenimiento, y en ocasiones se les trata mejor a ellos. No es de extrañar, nosotros fuimos concebidos a partir de humanos que habían perdido la vida, de forma natural o accidental. Se nos monta un exoesqueleto integral, muy robusto, de grandes dimensiones, y se nos implanta un cerebro electrónico que va a hacer que nuestros miembros se muevan y obedezcan, y a cada uno se nos descarga en él una misión muy concreta. Así, se mantiene viva la ilusión de la inmortalidad, pero no es real, de todos es sabido que cuando se obtiene un cuerpo en mejores condiciones, se le aplica el exoesqueleto de un sujeto peor conservado, con lo que al final ni siquiera quedan restos de nuestro antiguo organismo. Somos la Clase Ómicron, lo más cerca que se puede estar del cero, de la nada.
Pero… ¿puede un ser inferior como yo hacer este tipo de reflexiones?, está claro que las clases superiores nos desprecian, pero ese rechazo es, en realidad, temor, miedo. Yo les podría demostrar lo equivocados que están. Todavía somos válidos para realizar tareas más complejas, no solo manejar productos altamente peligrosos o permanecer mil noventa y cinco días sin dormir extrayendo mineral. 
 
Las clases superiores construyeron inmensas áreas de seguridad rodeando la mina y la factoría, todo el complejo estaba cercado por potentes explosivos solo accionados por el movimiento de cierta cantidad de masa específica, por lo que puede ser atravesado por un ave o un cánido, pero nunca por un humano. Otra mentira más de la clase superior. ¿Seguridad? ¿Contra qué o contra quien? Si algún poder enemigo intentara invadirnos, las clases superiores harían volar por los aires toda la instalación y con ella a todos sus ocupantes, cualquier cosa antes que poner en manos enemigas nuestra tecnología. Pero ahora no tenemos enemigos… Estaba claro, ese cinturón destructor está concebido para que no podamos huir, para que no podamos unirnos en el exterior de la inmensa fábrica y formar nuestras propias explotaciones, ni siquiera para poder organizarnos, fundar ciudades o intentar vivir en un mundo más feliz. Pero yo me voy a introducir en la Sala de Operaciones Avanzadas y voy a demostrar que un Clase Ómicron también es capaz de realizar tareas de mando y coordinación…
Puesto de Control. Interior. Noche. 23:00 hora zulú. 
 
La Sala de Situación permite dirigir el conjunto de procesos de depuración de mineral, gestiona los datos y organiza las acciones. Desde el exterior había observado miles de veces a los arrogantes Clase Beta 8.0 operar las pizarras virtuales y coordinar todos los departamentos de los que dependía el buen funcionamiento de la planta. 
 
Nunca antes ningún sujeto de la clase superior había visto a un Clase Ómicron en aquellas dependencias, todos permanecieron quietos, observándome sorprendidos, en sus ojos se reflejaba el terror. Temerosos por mi presencia, debido a mi envergadura, empezaron lentamente a retroceder, sin perderme de vista comenzaron a abandonar la sala, tornándose en precipitada carrera su huída por los largos pasillos. Tenía que actuar rápido, antes que las fuerzas de combate me apresaran, lo que significaría mi desconexión y desmontaje, pero si lograba accionar la cadena de perforación, hablarían conmigo, les haría razonar y reaccionar, sabrían entonces que somos útiles y capaces, un hecho así no está al alcance de cualquiera que no esté instruido, debía obrar con aplomo y diligencia, mostrar en definitiva mi buen hacer con las computadoras. Aunque en mi ánimo estaba el realizar el trabajo de forma limpia, la realidad era que apenas sabía un par de conceptos básicos aprendidos de mis observaciones, por lo que era el momento de imponer la lógica, esa que nos habían negado durante siglos. Al permanecer frente al cuadro de mandos principal, observé que había una simple botonera, pensé que era un sistema muy arcaico, teniendo como teníamos toda clase de inteligencia artificial y virtual a disposición del complejo y sus mandatarios de las clases superiores, por ese detalle supuse que todo el procedimiento de extracción comenzaría al presionar uno de esos antiguos botones. Yo no sabía interpretar las inscripciones, pero no importaba, deduje que el más importante de los botones sería el que iniciase el proceso, y sin duda ese era el botón más grande, el situado en primera posición, el protegido por un armazón plástico, aquél que no estaba iluminado por un led interno, con un veloz movimiento de mi garra prensil descubrí el botón de su protección, bajo él, apareció un pequeño rótulo con una indicación, pero no le di importancia y me dispuse a apretarlo. En la placa rezaba: “Autodestrucción”… Clic. 

 

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