La losa (de Rodrigo Ratero)

  Eran las tantas de la mañana cuando llegué por fin al cementerio. La noche era cálida y estaba sudando, a pesar del alcohol y los antidepresivos que llevaba encima pude trepar sin muchos problemas el muro que separaba la calle vacía del camposanto . Una vez dentro caminaba haciendo eses en busca de su tumba. Había cientos de losas, miles de flores marchitas, espantosas cruces y debajo estaba ella. Ella y muchos más cadáveres anónimos, a muchos los lloraron en su día a otros no, pero a la mayoría ya los habían olvidado. Yo no, yo no había olvidado, no me la quitaba de la cabeza. Después de mucho deambular estaba exhausto por el cansancio y el alcohol, apoye el pico y la pala en la cruz y me senté en su tumba, di unos tragos a la botella… Traté de mover la lápida pero fue inútil tras muchos esfuerzos lo único que conseguí es vomitar junto a una corona vieja y descolorida… Lo último que recuerdo es despertarme encima de su losa con un horrible sol me quemaba la cara y a los municipales alejándome a empujones de la lápida donde descansaba mi amada.

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