La vieja de las palomas ( de Rodrigo Ratero)

palomas

A veces, tirados en el parque, helados de frío bebiendo cervezas de un euro de los chinos, porque no da pa más, nos juntamos todos los inadaptados, los vagabundos, la basura, los punkis, yonquis desahuciados. Bebíamos y reíamos mientras por dentro moríamos de pena y cirrosis. Nadie trabajaba, cada uno se buscaba la vida como podía, unos tocaban la guitarra y otros los cojones, lo necesario para sacar cuatro perras para beber. También se pedía tabaco a la gente y si no se tira de chustas usadas que encontrábamos por el suelo o en los ceniceros de la basura. La mayoría de los vecinos contiguos al parque y a la okupa, en la que nos refugiábamos de un mundo que ninguno entendíamos, nos odiaban, pero algunos de los vecinos no. Les caíamos simpáticos o les dábamos pena, quizá una mezcla de las dos cosas o simplemente lavaban sus sucias conciencias. Una de esas vecinas era una señora mayor, de unos setenta y muchos, era diferente al resto de viejas del barrio. Iba muy bien pintada y peinada, su ropa tenía pinta de ser cara. Cada día se acercaba junto al banco en el que fingíamos vivir con un paquete de arroz, lo abría se lo echaba a las palomas. A nosotros nos daba algún euro y hablábamos con ella. Yo barruntaba a veces sobre su pasado, la conversación de mis compañeros me solía resbalar, era tan absurda como la vida misma. Uno de los días trajo fotos de cuando ella era joven, era guapa, se adivinaba un pasado lujoso, parecía una de esas actrices del neorealismo italiano de las películas de los años cuarenta de Rossellini o De Sica. Muchos vecinos la odiaban por el mero hecho de alimentar a las palomas, las ratas del aire y por hablar con nosotros las ratas del parque. Solía tener una rutina a la hora de ir por las mañanas a echarle arroz a las palomas. No se como cojones piensa una paloma, pero a esa hora si no había llegado la estaban esperando sobre un cable de la luz. Después supe por alguien del parque que había sido actriz o vedette… algo parecido, quizá sólo fuese rumorología etílica de parque, pero la historia encajaba. En mi opinión las palomas eran una proyección de lo que anteriormente fue su público que lo esperaba impaciente. En las butacas a que llegase su actriz principal y les diese lo que esperaban. Arroz. Tras acabar su actuación, el reparto lento y tedioso del arroz, puñado a puñado como si no quisiera que la obra acabase el publico saltaba de las butacas agradecido y se postraban ante su musa y devoraban con saña su saber hacer.

Pero un día desapareció, de repente dejo de aparecer en el parque, la echábamos de menos, pero no sólo nosotros, su público esperaba ansioso cada día. Al cabo de un mes estaba viendo la tele y ví una noticia sobre un cadáver en mi barrio, Lavapiés. Al parecer unos cuántos vecinos habían llamado a la policía por el insoportable hedor que desprendía un piso en la calle Tribulete, era el de una anciana que llevaba un mes muerta y nadie había preguntado por ella, cuando vi que era la vieja de las palomas casi me da algo. No conté nada a nadie y deje de bajar a beber al parque por miedo a que nos atacaran las palomas.

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