Las muñecas de Leonor ( de Vale Paralelo )

Leonor adoraba a sus muñecas, no es que tuviera muchas, pero a las pocas que tenía las trataba como un tesoro preciado.
Era una niña muy sencilla y aplicada, educada y seria. Todos los días iba a la escuela encantada de ver a sus amigas y a su maestra. Quería de mayor ser como ella. También era un poco parlanchina no paraba de charlar en clase y de cotillear con sus amigas.
Su familia no era una familia acomodada como las de sus compañeras, tenían una vida sencilla, no le faltaba de nada pero lujos no tenían. Juguetes los justos, vestidos también,ninguna marca y ella de vez en cuando soñaba con tener esas cosas que no podía tener. Una niña por lo mucho que se pueda considerar seria y responsable siempre es una niña.
Un día que se fue a jugar a casa de su amiga Victoria se quedó boquiabierta al ver la cantidad de muñecas que tenía y complementos, Barbies con sus respectivos Ken, con su casa con ascensor, sus vestiditos, hasta lavadora tenían las muñecas…uff, como le hubiera gustado tener todo eso en su casa. Ella lo que tenía era dos barbies, 4 muñecas y los vestidos se los hacia ella con la ayuda de su hermana.
Volvió a su casa esa noche y su cabeza no paraba de darle vuelta al asunto, se había aburrido ya de sus juguetes, aunque amaba a sus muñecas, estaba aburrida de verlas ahí, siempre con el mismo corte de pelo rubio, los mismos ojos azules de siempre que tic, se abrían, tac, se cerraban.
De tanto pensar se durmió con una idea en la cabeza, si no podía tener unas nuevas, al día siguiente le hubiera cambiado de look.
Al día siguiente, se armó de valor, de tijeras, de rotuladores, y empezó la obra, cortes de pelos, ojos maquillados, colorete por aquí, colorete por allí y un poco de marrón en el pelo y ya está.
Muñecas nuevas para la niña aburrida.
Parecían otras, se sentía orgullosa de aquello y les hablaba diciéndoles que guapas estaban ahora y le cambió de nombre a todas.
Al día siguiente en la hora del recreo, se lo contó a sus amigas,con la alegría propia de una niña de su edad, hasta que entró en la conversación Francisca, una niña pobre y un poco siniestra que acababa de incorporarse a las clases.
- ¿Qué les has hecho a tus muñecas?
-Les he puesto más guapas y ahora parecen otras.
-Pero por Dios, ¿qué has hecho? ¿Por qué?
-Lo que te dije, ponerlas más guapas para que parezcan otras ya que ya me aburrí de ellas y no puedo comprarme otras.
-Pero, ¿tu no sabes que…
-El que?
-Lo que has hecho está muy mal Leonor!-le gritó con la severidad de una maestra o de una madre que pilla a su hijo haciendo algo malo.
-Pero..yo…pero…no hice nada…malo..no…hice…-empezó a balbucear la niña medio llorando, además de seria y educada ,era una llorona de mucho cuidado…
-No lloriquees y callate que te explico luego ya tendrás motivos para llorar, pero este es el momento de escuchar.
-Las muñecas hacen parte de tu alma, viven de tu alma, te tu amor incondicional, de tu alegría y tristeza, hay una leyenda que dice que no importan que sean de trapo, de plástico o de porcelana, nunca hay que pintar o cortar el pelo a una muñeca. Viven del hecho que tú las quieras así como son, o porque crees tu que están inmobiles y sumisas,por la noche ellas tienen vida propia y por el día se someten a tu voluntad.
Porque te quieren y viven de ti. Pero no intentes cambiarlas, que clase de persona eres,¿ te aburres y cambias a la gente?
Nunca hay que hacerles notar que te aburres con ellas, ni que ya nos las quieres, aunque puedan soportar la soledad no soportarán nunca un rechazo. Ten cuidado por la noche, dice esa leyenda que por las noches te torturarán.
Lo que hiciste es una grave ofensa, y por eso seguro que están muy enfadadas. No sabes que puede llegar a hacerte una muñeca enfadada, pena me das, y no se te ocurra contarlo a tus padres porque si no además que a por ti irán a por ellos también.
Leonor, pálida, en silencio se echó a correr y se fue a su casa.
Entró en su habitación, todo parecía tranquilo, en orden como siempre, sus muñecas estaban colocadas como ella las había dejado, en la estantería al lado de su cama.
La noche aquella ni cenó ni habló, ni jugó con su hermana. El miedo le encogía el corazón.
Ella siempre le había contado todo a sus padres pero el miedo no le dejaba, sobretodo porque al miedo que le pudiera pasar algo a ella se le había añadido el miedo a que le pudiera ocurrir algo a sus padres y eso no lo podía permitir.
Las palabras de Francisca estaban en su cabeza,-te torturarán, te torturarán, te torturarán-
-Tonterías- dijo en voz baja- anda que creerte esas cosas Leonor, que tonta eres- se dijo a si misma.
Se fue a dormir. Como siempre cuando tenía un poco de miedo se tapó la cabeza, pero no pudo abrazar a su muñeca favorita, un poco por miedo, un poco por respeto y un poco porque una niña a veces no hace cosas lógicas. Hace cosas de niña.
-No puedo dormir, esas son tonterías, vamos no pueden hacerme nada, solo son muñecas-
Pasó una noche horrible con pesadillas de las más macabras, soñó que las muñecas le arañaban la cara, le tiraban del pelo mientras que dormía, durmió a ratos, cada vez que abría los ojos y se daba cuenta de que todo había sido solo una pesadilla, respiraba profundo y se decía a si misma, -ves tonta, solo es tu imaginación.
Al día siguiente se despertó para ir a la escuela, muy cansada por lo mal que había dormido pero más tranquila porque allí no había pasado nada.
-Ay en cuanto pille a Francisca, ya verás, se lo voy a restregar a la cara, estúpida que es una estúpida.
En la hora del recreo, la primera cosa que hizo fue ir a buscar a su compañera, ni comió su bocadillo ni se puso a charlar con sus amigas.
En cuando le vio el primer impulso fue cogerle del pelo, pero era una niña buena y eso no se puede hacer.
-Tú, oye tu, Paca, ven un momento, ¿me ves tú a mi con heridas o algo similar o mejor me ves con cara de tonta? No ha pasado nada, tu y tu cuentecillos siniestros. Jajajaja la verdad que al principio me asusté un poco, pero como ves aquí estoy, enterita y sin heridas.
-Mira Leonor, yo te avisé, no tengo ningún motivo para asustarte sin motivo, yo te conté la leyenda porque me diste pena y te quería avisar nada más
-Pero que leyenda Francisca, eso te los has inventado tu por mala persona, eres una niña mala, eso es lo que eres, a mi no me vuelvas a hablar nunca.
-Yo hice lo correcto
-Anda ya, bla bla bla bla, mira dejalo ya, no ha pasado nada, mentirosa.
-Yo no te dije cuando eso iba a pasar. Pues de mentirosa no me parece tener nada. Te dije yo que ayer te iba a pasar algo?
-No…pero..uhm, eso…pero…eso..que significa…otra vez balbuceando.
-Mira, Leonor dejame en paz no quieres que hable contigo? Pues ya verás el trauma que me supone jajajajaja, yo no le tengo miedo a nada, y tu? Le tienes miedo a algo Leonor? Te lo repito otra vez: no te dije en ningún momento cuando eso iba a pasar.

Leonor volvió a casa esa tarde, hizo sus deberes y se fue a dormir. Tampoco quiso cenar, no tenía hambre, ahora si tenía una extraña sensación, esta vez si que tenía miedo de verdad, el miedo no de saber que iba a pasar si no el miedo de no saber cuando eso podía ocurrir, si de verdad iba a ocurrir algo.
Otra cosa que solía hacer la niña cuando tenía miedo por las noches además de taparse la cabeza con la sabana era cantar canciones de dibujos animados y pensar en algo bonito, eso le relajaba mucho y así podía conciliar el sueño.
Se durmió. Se despertó después de un rato, algo le despertó, le pareció escuchar unas voces, muy bajas…alguien susurraba en el silencio de la noche.
A veces su hermana hablaba en el sueño y pensó que eso podía ser lo que había oído. Se levantó con miedo y vio que su hermana no estaba en la cama, se acercó a la habitación de sus padres y vio que estaba durmiendo allí. Volvió a la cama, un poco pensativa, y se metió entre las sabanas, -que raro todo, bueno pues nada a volver a coger el sueño- pensó en voz alta-
-A ver si puedes-alguien le susurró.
Se quedó helada, de piedra, no contestó, metió la cabeza debajo del cojín y empezó a rezar todas las oraciones que sabía una y otra vez hasta quedarse dormida.
Al despertarse la primera cosa que hizo fue correr a la habitación de sus padres y preguntarle a la madre porque su hermana había dormido allí con ellos.
-Tuvo miedo ayer por la noche, seguramente alguna pesadilla, y se vino con nosotros, es pequeña estas cosas pueden pasar-le contestó su madre-a ti que te pasa, cariño? Estás comiendo mucho en el colegio que luego no quieres cenar? No me hagas preocupar amor mio.
-No te preocupes mamá, no tengo mucho apetito en estos días, no duermo bien últimamente, -y eso corazón?- No será nada mamá….no te preocupes.
En la escuela ya no se hablaba con Francisca, pero tampoco mantenía conversaciones con sus amigas, estaba todo el rato pensando en lo que había pasado esa noche, en la puñetera leyenda y solo esperaba que eso acabara pronto.
Llegó a casa con una única idea en la cabeza, hablar con su hermana.
-Tata ,que te pasó ayer que te fuiste a dormir con mamá y papa? -Tuve miedo-le contestó la niña
-De que pequeña, que paso? -Vi algo resplandeciente- Una luz?- Algo similar, venía de tu estantería.
-De mi estantería? -Si, esa donde tienes a tus muñecas.
-Seguramente venía de fuera tata, no tengas miedo, si ves algo esta noche y tienes miedo te vienes a dormir conmigo en mi cama, vale?
No tengas miedo le dijo a su hermana, claro ,que iba a decirle a su hermana pequeña, tenía pánico, quería hablar con alguien pero aquello le estaba dando de verdad mucho miedo y no podía permitir que eso le afectara a más gente, no quería involucrar a nadie.
Cada noche era peor, escuchaba susurros, ella también veía luces a ratos, cosas resplandecientes, pero lo que le daba más miedo era escuchar esas voces, era como una conspiración.
Conspiraciones en la oscuridad. Muecas de maldad, susurros que no la dejaban en paz, brillos de dientes. Eran sus muñecas e iban a por ella.
Cada día estaba más ausente, comía menos, se relacionaba menos, hasta que un día sus padres preocupados y alarmados por su maestra que le contó su preocupación al ver que Leonor en clase ni se relacionaba ni escuchaba decidieron hablar con ellos.
-No te lo puedo decir mamá- Leonor, hija que te pasa? Nosotros te podemos ayudar.
Se echó a llorar y le contó todo. Le costó contárselo a sus padres porque temía por sus vidas.
Los padres por primera cosa le dijeron que esas eran tonterías y que si quería podía tirar a las muñecas así nada le podía sugestionar,
Leonor pensó que tirarlas podía ser peor y dijo que no, que tenían razón ellos y que era su imaginación, luego fueron al colegio a decirle a la maestra que por favor le dijesen a la niña esa que esas bromas eran de mal gusto y que algo así por favor no volviera a pasar.
Desde aquel día todo fue a peor.
Cada noche Leonor escuchaba más susurros, veía más muecas, veía monstruos horribles, enfadados con ella que conspiraban y atentaban contra su vida y la de sus padres.
Cada noche iba a la cama con sudores fríos, paralizada de miedo, ni se movía, solo se limitaba a intentar dormir rezando, pensando en cosas bonitas, metiendo la cabeza debajo del cojín y cantando canciones.
Hasta que una noche, las voces susurraron….con esta dormirás mejor…y empezaron a entonar una música, macabra, una nana que le hacía temblar y sudar del miedo, veía siluetas color de muerte danzando en la oscuridad.
Al día siguiente, cuando despertó, le costó mucho abrir los ojos, había llorado tanto que le pesaban los párpados.
Intentó estirar los brazos pero no pudo, intentó hablar pero no le salía la voz.
Solo podía escuchar unos llantos lejanos,unas voces queridas que gritaban su nombre.
Leonor, nooooooooooo, despierta Leonor, cariño llama a un médico, no entres, Leonor, hija , despierta por dios! cariño que no entre la niña- dijo su padre a su mujer.
El reloj de la mesita dejó de mover sus manillas.
Vino el médico, todo parecía raro, Leonor estaba aturdida, intentando hablar, mover la cabeza,intentando decir- mamá ayúdame ,no se lo que me pasa,- pero no podía.
-Doctor que me pasa?
Nadie le contestaba ni le miraba.
Se escuchó la madre gritar – Quiero que tires esa putas muñecas, tira las muñecas……
y la niña pequeña decir, -no, mamá por favor, deja a Anita, era su favorita.
Todo se hizo oscuro, al día siguiente le costó abrir los ojos, tenía los párpados muy pesados, le costó pero lo hizo y vio todo de otra perspectiva.
Lo vio desde lo alto de una estantería, donde su madre le había colocado.
Leonor había muerto esa noche, de miedo.
Su cuerpecito frío, sudado, de un color blanco-gris se lo había encontrado su padre que fue a despertarla ya que veía que no se levantaba. La encontraron en posición fetal, los ojos abiertos como se hubiese visto al mismísimo demonio, una mueca de horror en la cara.
La tortura había sigo lenta y cruel y acababa de empezar.
Se ve todo de otra manera desde lo alto de una estantería.
Sin ni siquiera poder llorar.

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