Mala publicidad ( de Rodrigo Ratero )

habitacion

Después de un sin fin de tortuosas relaciones, sólo he sacado una conclusión en claro, da igual si son más delgadas, más gordas , más inteligentes, más dominantes o más horteras, si son más cariñosas, más ahorrativas o grandes feladoras… Chaval, no acabes con una mujer que tenga más problemas que tú… Es un concepto sencillo y escueto ¿Verdad? Pero es complicado, y no porque a mi me vaya bien, tengo tantos problemas, económicos y emocionales como el hijo de seis años de una heroinómana prostituta y soltera que sufre abusos sexuales por parte del anciano del tercero b. Pero siempre acabo saliendo con chicas que están peor que yo, aunque obviamente esto al principio no lo notas, ni lo sabes, ni intuyes que acabarán hablando mal de tí. En las relaciones, como en la alta cocina todo es muy bonito y tiene muy buena pinta en la presentación, pero irremediablemente acaba convirtiéndose, por mucho que hayas disfrutado al principio, en puta mierda. La diferencia que en las relaciones el fin no es tan sencillo como una sentada en la taza y el sonido de una cisterna, aunque acabe oliendo parecido. Puede convertirse en un tortuoso descenso a los infiernos, la chica que tanto amabas se convierte en tu peor pesadilla, de repente pareces no conocerla y ella parece no conocerte a ti, habla de ti mal a la gente, vecinos, familiares, amigos, sólo los sentimientos de más bajo rasero afloran a la superficie, como celos, egoísmo, envidia, desesperación, obsesión que a veces acaban convirtiéndose en maltrato físico y/o emocional, tristeza, melancolía, depresión, angustia, arcadas… ¡El amor! Esa jodida tarde me dijo que iba a venir a por sus cosas, a saber lo que había contado, veía como los vecinos me miraban por la escalera, me odiaban, me había convertido, según sus palabras en un monstruo. Yo llevaba tres días con sus noches bebiendo y consumiendo cocaína. La tristeza mutó progresivamente en desesperación y la impotencia en violencia. Estaba sentado en el sillón esperándola desde la mañana, fingía estar tranquilo, pero mi corazón iba más deprisa que una enfermedad venérea en una fiesta universitaria de homosexuales ebrios. Empecé a beber tranquilamente esa mañana, pero para cuando estaba apunto de llegar del trabajo habían pasado varias horas, la botella de whisky había desaparecido e iba con la segunda cerveza cuando sonó el timbre. Me levanté a abrir, mi cuerpo se tambaleaba por el pasillo, me sorprendí a mi mismo en el espejo de la entrada caminando como si Freddy Kruegger me hubiese echo un tacto rectal, me detuve, me miré serio al espejo y puse mi espalda recta, saque pecho y trague saliva, sabía a desinfectante y fracaso. Cogí el telefonillo y contesté

-¿Si? -dije escuetamente para no revelar mi borrachera

-Soy yo… -dijo su voz aterciopelada

No me digáis porque… pero a pesar de abrir la puerta contesté

-Se ha equivocado…

Para cuando quise darme cuenta el ascensor ya estaba allí

-¿Que decías de que me he equinococo? -me pregunto confusa

-Na…un pesado de esos de publicidad comercial que lleva toda la mañana dando la brasa…

-¿Estás borracho?

-¿Lo dices porque te he abierto? Sabía que no eras el de la publicidad tranquila, finalmente reconocí tu voz…

-Veo que sigues igual… Voy a la habitación por mis cosas… Podrías bajarte al bar, sería más fácil para los dos…

Que ironía nuestro puto problema siempre fue el puto bar y ahora sería los más fácil…

-Vale…-le dije dejando escapar una baba involuntariamente que mancho su blusa de color granate

Bajé por las escaleras, cuando sólo llevaba un piso sabía que debería haber cogido el ascensor pero en vez de cogerlo en el siguiente acepté mi destino y bajé los cuatro pisos a pata, al llegar con dificultades al bajo junto a los buzones estaba un chico estaba metiendo publicidad en los buzones

-¿Que miras?-le pregunté ¡Yo no he hablado sobre ti

El chaval agachó la cabeza y siguió rellenando los buzones en silencio, entonces me giré y le agarré por el pescuezo

-¿Cuánto te pagan por esto? -pregunté fuera de mi

-¿Que ee?

-¿Cuánto, cuánto te pagan?

-Yoooo…señor…

-¡Te doy el doble!

-¿Queee?

-¡El triple! ¡Pero debes subir ahí arriba y darle una paliza a mi mujer!

El chaval intentaba zafarse inútilmente de mi, le había trincado con fuerza por una de esas trencas fluorescente duras como la vida de un judío en la Alemania del tercer reich.

-Señor por favor.. ¿Que hace?

Intentaba librarse de mi pero no le soltaba, finalmente optó por quitarse la chamarra y salir corriendo, al salir se tropezó con su carro de octavillas, un suave viento suroeste las meció por toda la calle. Me puse su cazadora, la gorra que el chaval perdió al caer y cogí su carro, era el disfraz perfecto. Subí de nuevo al cuarto piso esta vez en ascensor. Me coloqué frente a la puerta y llamé

Después de un rato ella por fin abrió

-¿Que coño haces así vestido? -me pregunto

Entonces la golpeé con fuerza con un puñado de folletos publicitarios haciendo que acabase dentro del piso una vez dentro entre y cerré la puerta. Comencé a patearla sin piedad. Después cogí todos los panfletos de telepizza y se los metí en le boca hasta la garganta. Su cara se tornaba morada, no podía respirar

-¿Por que has dicho toda esa mierda sobre mí? ¡Eras una perra!

Ella alcanzó como pudo el paragüero lo tiró al suelo sacó uno y empezó a golpearme hasta que me quité de encima suya. Se lo arrebaté, por un segundo pensé en meterselo por el coño y abrirlo, total por ahí entra ya medio barrio en los días de paga, así lo tendrían más fácil. La puerta se abrió de un portazo, eran dos policías y tras ellos el asustadizo chico de publicidad. Me arrestaron y me llevaron con ellos. Eso si sin antes de encargarse de que el estuviese bien. En mi declaración ante el alubión de preguntas tan sólo dije dos palabras. Mala publicidad.

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