Mamá! Ya no soy una niña. ( de Rodrigo Ratero)

Niña mala

Mi madre es gilipollas, demasiao colega “no me gustan esas compañías” “Cualquier día apareces embarazada de dios sabe quien y verás tu padre” “Ya que no has querido estudiar trabaja” “No debiste irte de la mercería” “Es por tu bien hija” ¿Y lo que yo quiero? Eso no le importa a nadie. Es verdad que a veces he tenido problemas, cuando iba con los de la banda del Mini, pensaba que eran mis amigos pero cada vez que se emborrachaban o se ponían me obligaban a chupársela, me resultaba asqueroso pero hay muchas veces que se ponían muy violentos y no me quedaba otra, aprovechaban cuando era la única chica. Por suerte eso cambio cuando conocí al Soni, el no me hace mucho caso, pero desde que voy con el Cholo con el Ruedas y con él, nadie se atrevido a tocarme ni un pelo, y que se atrevan… bueno Soni podía atreverse, pero pasa de mí, en realidad pasa de todas las chicas. A Soni lo que le gusta es la libertad, hacer lo que quiera cuando quiera, bueno eso y la heroína. El Soni dice que la heroína no es buena y nunca me ha dejado probarla, pero yo la probé por mi cuenta, me invitó el Seta, me quedé to tirada en la discoteca. Se que el y sus amigos luego me estuvieron metiendo mano y sobándome las tetas pero yo pasé de todo, no quise decirle nada a el Soni, se hubiesen buscado un problema, aunque si no les dije nada es para que no supiesen que me había picado. La verdad que no me sentó muy bien y me hizo vomitar, aunque si a el Soni le gusta tanto será por algo, así que le he seguido probando de vez en cuando. Yo no manejo dinero mi vieja no me da nada, así que a veces me tengo que juntar con peña de Vía Límite o de Cuatro Caminos para pillar algún pico, se lo que luego comentan en la calle “La Susi es una guarra” “Eres más puta que la Susi” pero yo paso de ellos, a mi solo me importa el Soni.

Ayer vino a buscarme por la noche, mi madre no quería dejarme salir.

-¡Susana, ni se te ocurra salir con ese macarra! – me gritó.

-¡Déjame en paz mamá hago lo que me de la gana!

-¿Pero tu la oyes Manolo?-le gritó a mi padre.

Mi padre ni se inmutó, llega muy cansado de trabajar, aunque suele apoyar a la vieja esto es más una guerra entre mi madre y yo. Me empecé a cambiar y mi madre me tiraba la ropa por ahí.

-Susana por favor… ¡Manolo dile algo!

-¡Quita mamá!

Me vestí como pude y me fui hacía la puerta y mi madre la bloqueo.

-¡Aparta mamá!-le dije empujándola.

-¿Que cojones pasa ahí? -preguntó mi padre.

Abrí la puerta y bajé rápidamente la escaleras, en la puerta con el coche arrancao estaba esperándome ya el Soni, pisó el acelerador a fondo y nos fuimos a la discoteca.

Al principio estuvo chachi, el Soni bailo conmigo tomamos unas copas y fumamos algún canuto, pero justo cuando mejor estábamos aparecieron el Capas y el Jali.

-¿Que pasa Soni colega, te traemos lo tuyo? -dijo el Jali.

-¿Ha ido dabuten o que? ¿Cuanto os a dao? -preguntó el Soni.

-Suficiente -dijo el Jali alargándole un fajo de billetes.

-Y un regalito -dijo el Capas pasándole una papela.

-Dabuten ¿tenéis maquina?

-Claro -le dijo el Capas dándole la jeringa.

Hay ya todo empezó ha ser un rollo, en cuanto vienen amigos el Soni empieza a planear palos o meterse picos y ya no me hace ni puto caso… una pena.

Llegué a casa a las seis de la mañana, mi madre me estaba esperando, empezó a gritarme y a llevarme de los pelos a la habitación.

-¡Eres una zorra! ¿Donde has estao?

-¡Suéltame!

Me tiró a la cama de un empujón.

-No vuelves a salir de está casa sin mi permiso -me gritó.

Yo ni siquiera contesté, estaba demasiado cansada, por suerte había conseguido que el Capas me diese un piquito sin que el Soni se enterase, que demasiao. Me metí en el baño, cerré y rebusqué en el bolso mientras oía a mi madre gritar y lloriquear.

-¿Que te hemos hecho nosotros para que nos trates así? -decía mientras burbujeaba el caballo en la cuchara.

-Un día nos vas a matar de un disgusto…-gritaba mientras me buscaba la vena.

No se porque hablaba en plural si mi padre ni siquiera estaba despierto.

-¿Que estás haciendo? -dijo por fin cuando me metía el fliji.

Una gran paz recorrió todo mí cuerpo.

-¡Susana sal ahora mismo del baño! -gritó la vieja.

Guardé toda la herramienta en el bolso y salí como un zombi hacía mi habitación. Mi madre me seguía hacía la habitación gritando pero ya no oía nada. Me tumbé en la cama mientras veía a mi madre señalarme con el dedo como a cámara lenta. Después apagó las luces y cerró la puerta. Y me quedé allí tumbada, relajada pensando como haría mañana para escaparme y ver al Ruedas libre y sobre todo ver al Soni.

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