Otra noche (de Ester Fayos)

 

Otra Noche

Los golpes en el saco de boxeo sin guantes me devolvieron un poco a la realidad.

El ciego que llevaba era de campeonato, pero aguante todo lo que pude porque salir con los putos melenudos de toda la vida me reconfortaba el espíritu mustio por la monotonía de no hacer nada, o por lo menos de la impresión de no estar haciendo nada.

Al mirar a mi alrededor después de echar un vistazo a mis nudillos sangrientos de ira, lo unico que veia en realidad era droga, gente desinhibida por la droga, y gente que en realidad solo se había reunido para disfrutar de la droga, propia o ajena.

Otro puñetazo y luego otro.

En realidad no tengo ni idea de pegarme pero ver aquel saco allí y ponerle las caras de todas las personas y situaciones que me habían hecho sentir impotente o furiosa recibían tal descarga de rabia que mis nudillos agradecían sangrar.

Rodeada de toda aquella gente a la que en los momentos de euforia considero como mi familia, pero que tan pronto son carne de mi carne como extraños a los que apenas reconozco, salvo por limitadímas excepciones.

El tumulto y la música atronadora constante me provocaron una sensación de ansiedad que intente paliar con mas marihuana, bueno, lo que me echasen en realidad. Pero es una sensación constante que no desaparecería hasta que dejase de pensar en ello.

Salí discretamente como si fuese a mear y me perdí por los pasillos oscuros y fríos de aquel mercado cerrado. El ambiente vacío de aquellas galería que horas antes estaban llenas de gente y ahora estaban completamente en silencio daban la sensación de que el fin del mundo hubiese tenido lugar hace un segundo. No se si es por la borrachera o por la sensacion de soledad pero creo que empecé a ser consciente de que todo lo que estaba pasando en aquella sala en realidad había sido un espacio vacio en el que el tiempo se habia detenido, aunque solo fuese para nosotros.

El dolor de los primeros rayos del sol ocultos por la niebla de final de invierno marcan el nostálgico final de otra noche mas.

Otra mañana agridulce con alientazo a vino, tabaco y derrota.

 

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