Percance ( de Rodrigo Ratero )

  Abrí de nuevo los ojos, me sentía aturdido y mareado, apenas podía mover el cuello. Alcé un poco la vista y vi el espejo retrovisor roto en muchos pedazos, aún así ofrecía un reflejo ajado e incompleto. No me dolía nada pero descubrí en uno de los pedazos del espejo que un trozo de metal me atravesaba. Me costo dios y ayuda inclinar la cabeza para confirmar que aquello era real y me estaba pasando a mí, nunca crees que esto te ocurra realmente, hasta entonces siempre creí que esto sólo le pasaba a los demás.

  La sangre cubría casi por completo mi camiseta de los Ramones y por un segundo recordé la cara y el momento en que se la compré a aquel peruano en el rastro. 

   También me vino a la cabeza mi amigo David o Jennifer como quiere que le llamemos ahora, ya nadie podría ir a recogerle, bueno recogerla, a aquella clínica de cambio de sexo, todo el año hormónadose y hablándome de ella y ahora la dejo tirada. La sangre de mi costado se tornaba negra, creo que eso significa que el dichoso trozo de metal había atravesado mi intestino. Mal asunto.
  ¿De que servirían ahora todas las horas extras que había hecho en mi empresa? Por primera vez en muchos meses ya no me importaba que pudiesen despedirme. ¿Quién pasearía ahora a mi perro? ¿Quién regaría mis plantas? Aquella endodoncia pendiente y el mal aliento de repente se convirtieron en males menores. Era curioso que aquella mañana, la misma en la que la prisa me hizo olvidar tomar mi protector estomacal y tenía un hierro atravesando mis tripas no me doliese el estomago.
  Creo que este fin de semana al final no acudiré a la despedida de soltero que tenía programada en una casa rural.
  Un impulso, un breve movimiento que comenzó con una chispa en mi cerebro y acabó en una respuesta física en mis extremidades había trastocado todos mis planes. Que gracia.
  
  Creo que debí haberme tirado a Miriam, debería haber hablado más con mi padre, no debí obligar a aquella chica a abortar, anoche debí haberme comido una hamburguesa en lugar de una ensalada y nunca debí apuntarme al gimnasio… en fin… Las chispas de la radial de los bomberos están saltándome a la cara…Debería cerrar los ojos…

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