Si estiras, te golpeará ( de Jéssica Pancorbo)

Goma elástica

Yo soy como una goma elástica.

Me estiro mucho, pero llega un punto en el que tengo que volver a mi posición original, muy lejos de donde me encontraba. Y si me estiras mucho, me rompo. Y muchas veces, al romperme, quien me estiraba sufre las consecuencias.

Y sé que eso no es bueno, que ser inconstante con la gente no trae buenas consecuencias. Por eso trato de cambiarlo. Pero nadie lo comprende.

Todos creen ser liberales afirmando que ellos no agobian, que no reclaman la atención de nadie y que te dejarán el espacio que necesites. Mienten. Cuanto más les das, más quieren y más y más. Y yo me sigo estirando. Y ellos siguen tirando. Así que, cuando desaparezco y vuelvo a mi posición inicial, se encuentran con que ya no tienen de donde tirar. Oh, y es aquí donde se demuestra que mienten. Porque ninguno comprende, ninguno espera.

Dejas de ser esa persona tan importante a la que no iban a fallar nunca, se vuelven más distantes o directamente te dejan de hablar. Eres un monstruo, una egoísta que solo piensa en sí misma. Has pasado de ser su salvación a ser un demonio cuyo único propósito es sumirles en la soledad más absoluta.

Menuda sorpresa, quién se lo iba a esperar. La gente mintiendo para conseguir lo que buscan.

Pero la cosa no queda ahí, qué va.

También están esos que ni siquiera dejan que te alejes, los que tiran y tiran y tiran. Yo, incapaz, en mi estupidez, de abandonarles cuando no me lo permiten, me sigo estirando hasta el límite de mis fuerzas. Me trago su mierda y la mía. Sale de su boca y entra en mí, mientras me estiro y comienzo a rasgarme.

Sorpresa. Un día me rompo y, como buena goma elástica, les golpeó duramente. Estaban bajo aviso, ya lo sabían, nunca oculté que no soy perfecta, que tengo mis limitaciones y me rompo; y aún así abandonan, se muestran ariscos y me condenan una vez más a ser un monstruo egoísta que les deja en la estacada a la primera de cambio.

Por último, y quizás los más asombrosos, son aquellos que antes de que te alejes o te rompas, cuando aún sigues tratando de ayudarles si así lo necesitan, te abandonan a ti. Dicen que no se han sentido apoyados, que han estado solos todo ese tiempo y te dejan tirado junto a personas que nunca movieron un dedo por ellos, gente a la que nunca les han importado. Y tú, que les diste tu tiempo, tu atención y tu consejo, te quedas allí, sin saber cómo ni por qué ha ocurrido aquello. Lo peor de todo; te quedas pensando en qué habrás hecho mal. Te culpas a ti mismo.

Nunca he negado que soy débil, que soy un ser lleno de fallos y errores. Quizás es por eso por lo que no soporto que os quejéis una y otra vez de lo que hacen los demás, de lo imperfectos que son y los errores que cometen, sin ser capaces de reconocer que no sois únicamente virtud.

Hipócritas, ególatras y egoístas, reconocedlo. Reconoced de una puta vez que sois humanos.

Y, como humanos, vosotros también tenéis fallos y limitaciones.

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