Te quiero ( de Jéssica Pancorbo)

Te quiero

Mientras te quito el sujetador te susurro al oído lo preciosa que eres. Te ruego que me dejes llevarte al paraíso, abrazados. En un suspiro pronuncias el sí, y me apresuro a abrazarte por la espalda. Después de un casi “fraternal” abrazo, mis manos cobran vida, y se deslizan por tu pecho desnudo, acarician tus pezones, que ya han empezado a tomar dureza por la excitación. Entonces, mientras mi mano izquierda te abrazo el pecho, la derecha empieza a acariciar tu vientre, en movimientos circulares, que descienden sigilosamente. Tu cabeza se cae hacia atrás, como si el movimiento de mis dedos índice y corazón hubiesen tocado un punto de desconexión. El moviemiento repetitivo pasa de parecer una simple caricia hasta convertirse en un modo de placer. Tus piernas empiezan a moverse fuertemente, y decido tumbarte en la cama.

Una vez estás echada en las sábanas, me tumbo sobre ti, dejando caer todo mi peso sobre tu cuerpo ya desnudo, para que sientas hasta el último resquicio de mi ser. Después de algunos besos apasionados, decido bajar y bajar, acariciando, lamiendo y besando cada riincón de tu piel, despacio, sin prisas. Ahora no hay tiempo, solo estas tú, solo estoy yo. Me permito el lujo de saborear tu sexo, y cuando noto que tus caderas toman ritmo propio, decido parar en seco (esto debe durar más). Introduzco mi lengua en tu boca, y permito que saborees tu propio néctar. Esto te excita aún más.

Decido que ha llegado la hora de sentir los dos a la vez. Te penetro, con fuerza y delicadeza al unisono, una y otra vez. Una y otra vez…

Me tumbo sobre ti, sin parar mi ritmo, para escuchar los latidos de tu corazón, indicadores de tu excitación. Una vez tu corazón es un vaivén , tus caderas se elevan y descienden sin cesar, sé que pronto acabará.

Tus uñas desgarran la piel de mi espalda, mientras emites un leve gemido. Entonces sientes como yo entro aún más en ti. Como exploto sobre ti, como siento tanto como tú.

Entonces te sentirás satisfecha de verdad, mientras nos fundimos en deseo, en besos, en caricias. Te abrazo como nunca te ha abrazado nadie, y a causa de la extenuación, caes dormida sobre mi pecho.

Cuando de madrugada te vayas con tu familia, no hagas demasiado ruido, mañana tengo que ir a la universidad. Esta noche no podré verte, tengo trabajo. Y no olvides dejar el sobre encima de la almohada. Yo no amo gratis.

Deja un comentario