Tormenta en el espejo ( de José María Bermudez, “Chirri”)

Echó la vista atrás, y se quedó paralizada cuando aquella pregunta, la atravesó como el rayo de una tormenta.
-“¿POR QUÉ?”
Era el sonido del estruendo de la tormenta que había sido su matrimonio durante más de veinte años y que ahora se reflejaba al igual que ella, ante el espejo de su cuarto de baño, en esa incógnita, es esa fulminante e inexorable interrogante.
_¿por qué?_Se preguntó a si misma mirándose al espejo, y tras observar las heridas en su cara y aferrarse fuertemente con sus manos al lavabo, comenzó a hablar con su propio reflejo arrastrando las palabras en un susurro enrabietado y desgarrador.
_¿Por qué he aguantado tanto tiempo caminando por esta senda oscura y tortuosa llena de palizas, insultos y humillaciones?, acostándome todas las noches con el cuerpo roto y el alma dolorida y sintiendo por las mañanas el sabor de la sangre seca en los labios, sin que nunca me abandonara la horrible sensación de querer quitarme la vida para no seguir viviendo esta desquiciante pesadilla.¿Por qué?_Probablemente este repentino soliloquio era la respuesta al oscuro y largo túnel de silencio que había atravesado. Pues durante todos estos años no le había contado ni una sola palabra a nadie, no hubo ni una sola queja por su parte, incluso se lo había ocultado a sus hijos haciendo del hematoma maquillaje, convirtiendo y disfrazando los golpes de las palizas en accidentes sin importancia, curándose las heridas clandestinamente y tirando de todo un repertorio de excusas. Se sentía maniatada y enredada entre las fatídicas cláusulas de su tácito pacto con el silencio.
_ ¿Por qué? _Seguía preguntándose mientras sus lágrimas se mezclaban con la sangre de sus labios y el morado de sus pómulos, formando un mosaico de sentimiento y rabia punzante, que dio paso a que el susurro se convirtiera en grito.
_ ¿Por qué nunca encontré el valor para hacer frente a este infierno? ¿Por qué tuve que tragarme todas sus mentiras para luego quemarme en el fuego de sus promesas caídas en saco roto? ¿A dónde se fueron mis ganas de vivir? ¿Por dónde se escabulló mi alegría?_ Hizo una pausa mirando fijamente su reflejo, pero esta vez gritó aún más fuerte
_¿quién, quién eres tú, y que has hecho con la mujer que alguna vez fui? ¡Devuélveme el reflejo de mi alma perdida!¡Ya no me quedan fuerzas!_ Dijo mientras agachaba la cabeza en el lavabo y comenzaba a llorar en silencio. Detrás de ella, a los pies de la bañera, y envuelto en un charco de sangre yacía el cuerpo sin vida de su marido, que tan solo hacía unos minutos, durante el trascurso de la paliza que le estaba propinando a su mujer, había resbalado cayendo de espaldas y dándose con la cabeza en el borde de la bañera, murió en el acto. Ella, antes del peculiar monólogo había llamado a la policía, precisamente los estaba esperando. Levantó la cabeza del lavabo y volvió a mirarse en el espejo, esta vez vió algo muy distinto, notó un brillo en sus ojos, y a pesar de que media cara era un mapa y la otra media un poema, se sintió guapa y en su interior notó una sensación de alegría que hacía tiempo no experimentaba; como si ese extraño ritual ante el espejo fuera su resurrección. En un impulso miró de soslayo a su marido, y entonces comprendió todo, y con una voz suave y firme a la vez, desnudó su alma.
_Quizás, todo esto tendría que haber acabado de otra manera, y es seguro, que yo tendría que haber buscado una solución hace tiempo_En esos momentos cogió un pintalabios que había en el mueble del lavabo y empezó a escribir en el espejo. _Pero veinte años de penuria son más que suficientes para no tener que sentirme mal en estos momentos. Por fin romperé mi silencio y contaré mi historia. _acabó de escribir y sentenció con un golpe de pintalabios. _por fin volveré a ser, la mujer que alguna vez fui._ llamaron a la puerta, era la policía, se giró, dando la espalda al espejo secó sus lágrimas, echó el alma atrás y tiró hacia delante.
Cuando los policías entraron en el cuarto de baño vieron la inscripción escrita en el espejo con un pintalabios:
PROHIBIDO MEZCLAR EL MIEDO CON EL SILENCIO.

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