Tu si que vales ( de Manuel Sirvent)

  Las mazas volaban fácil. El aire calmado favorecía sus parábolas y los trucos desfilaban con fluidez hasta que irrumpió en escena un deportivo trompeando y ¡ pum!. Primera maza al suelo. Medio cuerpo salió por la ventanilla a acompañar al grito de ¡ tú si que vales! y ¡ pum!. Segunda maza al suelo. Frenaron en seco justo al lado mio. “Vente pa aca que te vas a hacer unas filas”, me dijeron. “Que va paso”, les conteste. Salieron del coche. Iban pasadísimos. El mas grande me cogió por el cuello. Forzejee un poco y les dije que pasaran del tema. Me apretó mas fuerte y decidí optar por la no resistencia. Me llevo hasta el coche. Sacó una piedra ,y una libreta de mapfre, y me dijo: “toma, curratelas”. Se les había metido en la puta olla y me las tenía que hacer, por sus cojones. Pensé que después de eso me dejarían, pero que va. “Y ahora nos vas a llevar de fiesta, que a nosotros como nos paren nos crujen”, me dijo el mas pequeño.

  Pasamos a recoger a un amigo suyo, parecía retrasado. “Se pegó una ostia con el coche y mira, este antes, como tú y como yo”, me dijo el mas grande. Camino de la discoteca y mientras conducía me apretaron el cinturón, hasta no poder moverme, y con el control de velocidad en el volante se las apañaron para poner el coche a 180 kilometros por hora. Pensé que nos matábamos en las curvas. Ellos se reían.


  En la discoteca se lo montaron bien. Untaron al segurata y le pusieron unas filas a la camarera, en la barra. A mi me tenían vigiladísimo, para que no me fuera, y de repente, alguien se chocó con el retrasado, el pequeño se encendió, levantó la copa y se la estrelló en la cara al chaval. Volaron los empujones y en uno de ellos ¡ pum! Tercera maza al suelo. A la mierda. La cosa se disolvió, echaron al chaval con la cara rajada y chorreando sangre. Entonces me acerqué al retrasado. “¿ Cómo te la apañas para follar? Porque no te será fácil”, le pregunté. “Yo follo un montón me dijo, me sobran las tías. Unos minutos mas tarde me dijeron que nos ibamos, que había que llevar al retrasado de putas. Perfecto. Estaba harto de estar con ellos. 
  Tras unas filas y unos cuantos canutos llegamos a las putas. El retrasado subió con la primera que se le acercó. Un colombiano me dijo que si quería coca. Le dije que le preguntase al mas grande, que seguro que quería. Se fueron al servicio. El pequeño se quedó, me decía que el retrasado, seguro que le estaba comiendo el coño, a la puta, el muy tonto, que tardaba un montón. Le dije que había uno que lo estaba mirando mal. Fue a por él. Ahí fué cuando subí las escaleras, cogí el coche, volví a la ciudad, deje el deportivo en un descampado y me largé. 
   Al cabo de las semanas, mientras estaba en un bar, alguien tocó en mi espalda. Me di la vuelta y ahí estaba el mas grande. Se avalanzó sobre mi y me dió un abrazo.

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