Un nuevo amigo ( de Rodrigo Ratero)

 Corría el año 1994, Kurt Cobain se había suicidado y España volvía a perder en cuartos de final en el mundial, pero no todo eran buenas noticias, no al menos para Dani y Eric, dos niños de diez y once años respectivamente. En verano lo habían pasado estupendamente en su pueblo. En verano venían amigos de muchos sitios a veranear, Madrid, Bilbao, Valencia y se juntaban una autentica pandilla, construyeron debajo del puente por donde pasaba la carretera nacional una caseta con pales, cartones y un trozo viejo de uralita, una autentica fortaleza, fue un gran trabajo en equipo. Pero había llegado el gris, frío y lluvioso otoño y Dani y Eric se habían quedado solos. Siempre al salir del colegio iban a la caseta, en la que habían quedado como únicos dueños, la mantenían y reparaban si era preciso para tenerla lista para el verano siguiente. Era un sitio especial, allí no había nadie, ni padres, ni profesores ni empalagosos sacerdotes. Era su sitio sagrado, húmedo y solitario con el ruido de trailers, camiones, coches y el croar de las ranas como única banda sonora. Aún así a veces era aburrido, Dani y Eric se llevaban muy bien, pero no era lo mismo que en verano con toda la pandilla. 

 

  Una tarde de viernes Dani llego a la caseta después de merendar. Eric ya estaba allí estaba muy callado.
-Hola -saludo Dani- ¿Que te pasa? -preguntó.
-¿Quieres ver lo que he encontrado? -contesto misteriosamente.
-Si, claro…
  Eric condujo a Dani hacía un riachuelo cercano que había allí, donde algunos sábados iban a pescar. Se internaron entre la maleza y Eric le mostró a un hombre, estaba bocabajo con las piernas en la orilla y el cuerpo y la cabeza dentro del agua.
-¿Quien es? -pregunto Dani.
-No lo se, pero deberíamos sacarlo de ahí…
  Con mucho esfuerzo entre los dos lo llevaron arrastrando hasta la caseta, el cuerpo se lleno de barro, tenía las ropas mojadas y la cara hinchada por el agua. Lo introdujeron dentro de la caseta y apoyaron su espalda contra la pared, los dos lo miraron en silencio.
-¿Crees que querrá jugar con nosotros? -pregunto Eric
-Supongo… deberíamos quedárnoslo- contesto Dani.
  Al día siguiente los dos robaron algunas ropas a sus padres, desnudaron el cuerpo y lo intentaron vestir con ropa seca. Los pantalones se lo dejaron a medio poner, el jersey fueron incapaz de introducírselo ya que el cuerpo estaba tieso por el rígor mortis. Lo bautizaron Pepe. Jugaban con él a las cartas, aunque siempre le tocaba alguno de los dos tirar las de Pepe. Era el compañero de juegos perfecto, nunca se quejaba y todo le parecía bien. Le pusieron una gorra y unas gafas de sol porque Pepe cada día se veía más feo.
 
  Al cabo de unos días tuvieron que traer muchos ambientadores de pino, los colgaron en todo el techo de la caseta porque el pobre Pepe olía fatal. Una semana después optaron por sacar a Pepe fuera de la caseta porque el hedor se había hecho insoportable. Jugaban a pasarse el balón, a Eric y a Dani les hacía mucha gracia cuando se lo pasaban a Pepe y le rebotaba en la cabeza. Un día Dani y Eric decidieron que era el cumpleaños de Pepe, compraron muchas gominolas, gusanitos, y regalices. También llevaron un viejo cassette con cintas y pusieron música. Le introducían gominolas en la boca pero a Pepe parecía no gustarles. Después pusieron música y los tres se cogieron de las manos y se pusieron a bailar alegremente de repente Pepe por primera vez les habló.
-¿Que estáis haciendo chicos? -les pregunto
  Los dos miraron sorprendidos a Pepe, la música seguía sonando.
-¿Que estáis haciendo? -pregunto de nuevo.
  Los dos le soltaron las manos, su voz era de adulto se parecía a la de sus padres. Los dos le miraban fijamente, de repente la música se detuvo, se giraron y vieron que un Guardia Civil había apagado el radiocasette.
-¿Que coño estáis haciendo chicos? -preguntó de nuevo el Guardia.

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