Vals funesto de descomposición ( de Rodrigo Ratero )

  Automutilarse… automutilarse está mal, siempre y cuando no tenga un fin benéfico. Algo que beneficie a todo el mundo, por ejemplo, no mutilarles a ustedes. En ese caso siempre es aceptable, a no ser que odies la vida disoluta y sin objetivos de su hija de diecisiete años y prefieres que me la lleve por delante… tranquilo, buen hombre, sólo exageraba para que comprendas mi situación, yo disfruto con esto y no hago daño a nadie, salvo a mí, pero no sufra. Mi vieja navaja de afeitar y cuando mi economía me lo permite, algunas chicas de compañía son testigos de tan extraño vicio. No sabéis cuan agusto me siento cortándome y viendo la sangre manar, no se confundan, no soy masoquista, prueben, golpéenme y se llevaran una buena reprimenda que jamás ustedes, previsibles e inocuos vecinos llegaran a disfrutar. Es todo un arte, en realidad no soy inmune al dolor, ni disfruto con él, los cortes me escuecen y me incomodan hasta tiempo después que finalmente cicatrizan, pero ver manar la sangre, roja y brillante…lo dijo Lugosi, aunque fuese actuando o en la más profunda de sus esquizofrenias y o demencias seniles “la sangre es vida”. Nunca te sientes tan vivo como cuando compruebas realmente que puedes morir, que eres mortal. Es una sensación indescriptible, créanme. Cojan sus navajas y empiecen por un pequeño corte, en una zona no vital, por supuesto, no se trata de un cobarde suicidio. Háganlo, olviden la falsa moral, la ética y todas las mierdas que han metido en su mierda de vida para condicionarles y cojan su cuchilla, hojilla, cutter u objeto punzante… Métanse para empezar un pequeño corte, apenas lo notaran y pensarán que no lo ha hecho correctamente, enseguida esa raya imaginaria se empezara a teñir de un rojo frágil y delgado que va en crescendo hasta supurar gotas rojas y puras que les dará unas satisfacción mayor que la de ver fluir su sustancia seminal. Tranquilo, usted no es un enfermo, ha comprobado que es capaz, cualquier imbécil puede eyacular incluso tan sólo pensando en el peor de los coños o pollas, según los gustos. Pero rajarse va mucho más allá, te hará sentir fuerte, útil o al menos peligroso. Si usted es capaz de hacer eso con la persona que más quiere, que es usted…imagínese con los demás, eso le hace indestructible o al menos, a su modo de entender. No hace falta que esto lo proclame a los cuatro vientos, es un vicio que muchos no entienden y le tildarán de loco. Hágalo en las partes de su cuerpo que nadie vea, hágalo profundo, hágalo sangriento, ¡Hágalo! Después disfrute en la oscuridad de su cuarto o de su baño de las cicatrices, como si fuesen trofeos, como unas bragas manchadas de sangre que guarda un violador o el dedo mutilado y amarillento que usa un asesino enfermo y pervertido para meterse por el culo en las frías noches de invierno. Disfrute de su perversidad, eso sí… que nadie le vea. Pero atención no se le vaya de las manos, tenga cuidado con su navaja, esta perversidad como muchas otras, causa adicción y cada vez necesitas más, como el hombre que es encontrado asfixiado con la espalda apoyada contra la puerta de su baño, el cinturón de su albornoz al cuello y su rabo morado aferrado a una mano que necesita de dos forenses para conseguir separarla de la polla, o un servidor que ahora os relata esta historia mientras yace tirado en el suelo del baño del parking de una gran superficie, donde compró una navaja quizá demasiado afilada y decidió cortarse un poco más, hasta el punto que perdí el equilibrio, los chorros de sangre me causaron una erección que pronto desapareció por la continua perdida de esta… todo se esta volviendo borroso, me arrastro hasta fuera del parking cubierto de sangre y veo como un niño de unos ocho años me señala boquiabierto y sin decir nada con una mano mientras con la otra tira del vestido de su madre que le ignora por completo mientras carga el maletero del coche de bolsas de la compra.

Deja un comentario