Vender el alma al Diablo ( de Rodrigo Ratero )

Tan sólo éramos unos adolescentes idiotas, yo tenía 14 años. La nueva ola de black metal que venía de Noruega nos había cautivado como la música más extrema del mundo. Eran mediados de los noventa, en esa época no teníamos internet, la poca información que nos llegaba era en revistas de metal , donde devorábamos los artículos de metal oscuro. La quema de iglesias, asesinatos y violencia que rodeaba está música la hacía fascinante, al menos para unos adolescentes. Ahora se que lo confundíamos todo, pensábamos que eran satánicos y por eso quemaban iglesias, No tiene mucho sentido ya que satán es un concepto cristiano, pero en realidad lo que exigían era la vuelta a sus raíces, su religión pagana, la religión vikinga , con sus dioses Odín, Thor… una vuelta a la vieja cultura nórdica que desapareció con la instauración del cristianismo. El caso que disfrutábamos con la cintas una y mil veces grabadas de Darkthrone, Burzum o Mayhem, los Emperor o los Inmortal, tampoco había mucho más, en realidad no teníamos acceso a más, era un pueblecillo de Cáceres… Empezamos a vestirnos de negro y a interesarnos por temas de ocultismo, Vudú, espiritismo, demonología y películas de terror. Comprábamos libros sobre esos temas. Un día con el instituto en un viaje a Madrid para visita el museo del Prado encontré en la cuesta Moyano un viejo libro sobre rituales satánicos. Lo llevé al pueblo y se lo mostré a mis amigos, todos alucinaron con el libro, contenía rituales, dibujos, y formas muy concretas de como vender el alma al diablo. Entonces yo propuse que lo hiciésemos, que vendimiemos nuestra alma al diablo. Mientras bebíamos nuestras cervezas escondidos en el monte fantaseábamos sobre lo que íbamos a pedir al príncipe de las tinieblas. Habíamos hecho espiritismo en otras ocasiones pero siempre salía mal, sin embargo invocar al señor oscuro era algo más serio y mis amigos muchos se echaron atrás a la hora de la verdad. Al final sólo quedamos tres, los más black metaleros, los que nos creíamos más duros y porque no decirlo, los más tarados José, Rubén y yo, Raúl. Quedamos una tarde para prepararlo todo, pero no era tarea sencilla. El libro aparte de cosas que nos imaginábamos como un pentáculo dibujado en el suelo, velas negras y alguna especie de firma con sangre, exigía otras cosas más complicadas de conseguir, como una rama de cedro. Fue sencillo, José lo consiguió en el huerto de su abuelo, también necesitábamos un ojo de gato, esto ya nos empezó a echar para atrás, José dijo que nos desanimásemos

-¿Tenemos que matar un puto gato? -pregunté

-No es necesario, podríamos buscar uno atropellado en la carretera y sacarle los ojos-contesto Jose

Paseamos dos tardes con un tarro y una navaja por las carreteras de alrededor del pueblo, la tercera tarde encontramos un gato aplastado en la orilla junto a la cuneta. El gato tenía las tripas fuera y olía fatal

-¿Quién lo hace? -preguntó Rubén

Dude durante un segundo, pero quería hacerme el duro aunque eso me horrorizaba

-Yo lo haré -dije con voz firme, aunque dudase

Me agaché, saqué la navaja y cogí la cabeza del gato, le clavé la navaja en la cuenca del ojo, me dio una arcada y vomité en la cuneta toda la cerveza caliente y barata que acabábamos de beber. El vomito estaba lleno de burbujeante espuma y tropezones de jamón. José sin mediar palabra cogió mi navaja y en un momento le arrancó los dos ojos al gato y los metió en el tarro que posteriormente rellenó con una botella de alcohol. Escogimos el sitio dibujamos el pentagrama, llevamos un cassette para poner black metal, y fotocopiamos un ritual que había que leer y firmar con nuestra sangre que rezaba:


IN NOMINE DEI NOSTRI SATANAS LUCIFERI EXCELSI
En nombre de Satanás, que rige el mundo y es el Rey de la Tierra, yo ordeno a las Fuerzas de las Tinieblas que me otorguen todos sus Infernales Poderes…..
IN NOMINE DEI NOSTRI SATANAS LUCIFERI EXCELSI
En el nombre de Satán, Señor de la Tierra, Rey del Mundo, ordeno a las Fuerzas de la Oscuridad que viertan su poder infernal en mí. Abrid las Puertas del Infierno de par en par y salid del Abismo para recibirme como su hermano y amigo.
Concededme las Indulgencias de las que hablo.
He tomado tu nombre para que haga parte mía. Vivo como las bestias del campo, regocijándome en la “vida carnal”. Favorezco al justo y maldigo lo podrido.
Por todos los Dioses del Averno, ordeno que lo que yo digo ha de suceder….
Salid y responded a vuestros nombres manifestando mis deseos



Pero había algo que nos faltaba, la piel de un cordero degollado en viernes santo, y estábamos a principios de verano.

-¿Qué cojones vamos hacer? -pregunté con el ansia de un adolescente

-Tengo un colega que trabaja en una carnicería y podría conseguírnoslo -dijo José

-Pero queda un montón hasta semana santa… -protesté

-No importa… esperaremos… -dijo José

Su predisposición a vender el alma al diablo acojonaba, noté que Rubén respiró aliviado al saber que hasta Semana Santa y probablemente nunca íbamos a vender nuestra alma al Diablo. Esto había llegado demasiado lejos…

Pasó el verano y el año siguiente nos distanciamos un poco, Rubén se echó una novia y dejó de parar con nosotros y con el tiempo, de vestir y escuchar black metal. Yo me mudé al año siguiente, la empresa trasladaba a mi padre a otro pueblo esta vez en Burgos. Años después, la casualidad me volvió a llevar al pueblo dónde estuve a punto de vender mi alma al diablo, a tocar con mi grupo de black metal. Precisamente, me enteré de que Rubén había muerto en un accidente de tráfico, fue una lástima. También me enteré de que José había montado una empresa y estaba forrado, lo vi lejanamente pasar en un estupendo Mercedes acompañado de una Rubia impresionante. Frenó un segundo y me miró:

-¡Raúl veo que tu no cambias! -me dijo mirándome de arriba abajo

De repente dio un acelerón y desapareció calle abajo. Después me enteré que aparte de la empresa era el alcalde del pueblo. Me puse a barruntar si quizá, él de un modo individual había vendido su alma al diablo para conseguir todo aquello. Yo estaba en paro y tocaba en un grupo sin futuro dónde apenas nos daba para la gasolina. También podría ser simplemente que yo era un desgraciado y José se tomó su vida con el mismo arranque y decisión como cuando quince años atrás habíamos decidido vender nuestra alma al diablo. Aunque eso si, por un precio irrisorio por que como dice mi abuelo “Padrino de boda y alcalde de aldea, el que quiera ser que lo sea”

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