Vidas esfaratadas ( de Manuel Sirvent)

  La llamé. Me dijo que no podía quedar conmigo, que iba a ir con su exnovio a tomar algo. No entendía por que quería hacer las paces con un pasado y minar, de ese modo, un futuro que había elegido como opción.

   Me fui a un parque. Era tarde y me sentía roto. Me senté en un banco al lado de una muchacha a la que conocía de vista. Despues de hablar un rato sobre lo que sabíamos el uno del otro, me preguntó que qué me pasaba. Se lo dije. Ella me contó que había ido al ginecólogo y le había dicho que si quería tener hijos, que no tardara mucho, porque no le quedaban muchos años para poder tenerlos. Y que lo peor era que su novio nisiquiera la había llamado para preguntarle.

   Cuando nos mirabamos a los ojos, nos quedabamos clavados, hecho que solo diluía una sonrisa cómplice por parte de ambos. Me invitó a su casa. No quería sentirse sola y yo tampoco. Le encantaba jugar. Jugaba a seducir. Enseñaba y luego escondía las partes mas provocativas de su cuerpo como por descuido. Yo jugaba con ella, le pedía sutilmente un poquito más cada vez y me encantaba la alegría que le hacía sentir eso, a la vez que me excitaba.

   Nos despertó un amanecer tumbados en la cama sin haber dormido y nos despedimos sabiendo que teníamos que seguir, cada uno, con nuestras vidas esfaratadas.

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