Vuelta a casa (de Rodrigo Ratero)

vuelta a casa

Y entonces ocurrió, me habían soltado… se supone que estoy listo para ser reinsertado en la sociedad, pero yo me sentía hecho una puta mierda, lleno de dudas. El psiquiatra firmo aquel jodido papel, cumplí mi pena y estaba de nuevo en la calle. Olía distinto a libertad, pura libertad, puro sexo. Caminé serio y apresurado hacía la parada de autobús, por supuesto nadie había venido a buscarme, ni amigos ni enemigos. A mi madre no la veo desde que entre dentro…mejor, lo último que me hubiese faltado son más preguntas. Esperé el bus fumando un cigarrillo que me había dado un boqui.

-¡Pórtate bien ahí fuera! -me dijo sonriente.

-Ojala tenga una hija -pensé.

Fui bombardeado durante unos instantes por todos esos pensamientos e imágenes que el doctor decía debía apartar de mi mente. Finalmente llegó el bus. La conductora era una mujer gorda con gafas de aviador y los dientes tan amarillos como el hepático compañero de chabolo al que deje dentro.

-¡Ya no cogemos pesetas! -dijo sonriendo mientras dejaba al descubierto su horrible piñata

-Puedo pagarte con otra cosa -sonreí yo

Rápidamente su sonrisa inocente fue sustituida por una cara seria seguida de

-Anda pasa…

¿Significaba aquello que tendría que pagarla allí mismo? Borré ese pensamiento y me senté en un asiento, enseguida me di cuenta que mi ropa parecía excéntrica, como de otra época… bueno lo era.

Una vez en la ciudad me dirigí a mi antiguo barrio. Me había dejado barba bastante larga, y ahora estaba calvo, supongo que ya no me reconocerían en el barrio. Parecía un indigente. Cuando llegué al portal de mi vieja respiré hondo. No quería preguntas, no quería abrazos, no quería comprensión, sólo quería que todo siguiese como antes de entrar. Subí el portal y dude entre llamar o abrir directamente, entre las pertenencias que me devolvieron los funcionarios sólo había un paquete de chicles caducado un viejo calendario de 1998, el ticket arrugado y gastado del sex-shop y las llaves de la casa de mi madre. Entonces mi cabeza se inundo de malos pensamientos, imaginaba a mi madre frente a su vieja telefunken coronada por uno de esos amarillentos paños de ganchillo escuchando el bombardeo de noticias sobre las terribles acciones que había cometido el monstruo de su único hijo, antaño su única compañía, y el orgullo de su madre de protección oficial. Metí la llave y giré, la puerta estaba atascada. Tras varios forcejeos y un fuerte empujón, seguido de una patada, logré abrir. Un intenso olor desagradable y dulzón inundo todo mi ser. Parecía como si todo el barrio hubiese cagado allí a la vez o como si ahora mi madre se dedicase a la cría de cerdos en su propia casa. Avance por el pasillo, la casa estaba igual, parecía como si nadie la hubiese tocada desde que me fui. Los muebles estaban cubiertos por una gruesa capa de polvo, instintivamente con mi dedo dibuje una enorme y suntuosa polla , sólo unos segundos después la borré de un manotazo. Quizá mi madre se hubiese mudado o mejor aún quizá hubiese muerto, me ahorraría explicaciones y ya tendría piso. Me dirigía a mi cuarto, todo seguía igual, después fui hacía la habitación de mi madre. La cama estaba deshecha, era muy extraño. Al sacudir el edredón el olor se hizo más intenso y una arcada me hizo vomitar sobre la estatuilla de la virgen que había sobre la ajada mesilla de mi madre. Y allí estaba. Muerta. Empecé a gritar y después me tape la boca con mi chaqueta para no volver a cambiar la libra. Parecía llevar siglos muerta, estaba como momificada y nadie parecía haberse percatado de su falta. Salí de la habitación hacía el pasillo de nuevo

-¿Ahí alguien ahí? -pregunto alguien asomado en la puerta

Era una chica jóven con unos libros de texto bajo el brazo, era la hora de comer, seguramente acababa de salir del instituto, o del colegio, no sabría decir exactamente la edad que tendría.

-Es…es mi madre está muerta…-sollocé

Se dirigió hacía a mi, miró en el interior de la habitación de mi madre, al ver el cadáver en tan avanzado estado de descomposición soltó los libros al suelo y se llevo la mano a la boca. La observé de arriba abajo, era preciosa… Corrí por el pasillo hacía la puerta, ella aún no había reaccionado. Cogí un enorme cuchillo de cocina fui hasta ella y se lo puse en el cuello y tape su boca con la otra mano

-¿Eres virgen? -le pregunté.

Ella empezó a gimotear como un perrillo herido. Le arranqué la ropa con violencia y la tumbé sobre la cama junto al cadáver de mi madre, se puso roja y los ojos se cubrieron de lágrimas. No paraba de chillar, arranque un trozo del viejo camisón que llevaba mi madre, estaba cubierto de una especie de fluido marrón bastante espeso, se lo metí en la boca a la chica.

-Te advierto guapa, que al principio duele un poquito.

La violé respirando por la boca para que el olor pútrido de mi progenitora no me hiciese vomitar de nuevo. Cuando finalmente me corrí de nuevo mis tripas flaquearon y esta vez arroje sobre la pobre chica, pero ya no importaba, sin querer la había estrangulado durante el acto. Después me senté en la cama, aparte del piso pensé en la pensión de mi madre, teóricamente aún seguía viva… y una vez saciado mi apetito por el momento ahora si, me sentí de puta madre.

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