Ya estoy en tu cabeza y soy contada ( de Jéssica Pancorbo)

 

trago

Llego antes que tú a la puerta del bar donde quedaste en quince minutos. Me gustaría entrar, sentarme, pedirle al camarero la mejor ginebra como hicimos la última vez, pero en esta ocasión, en una copa, recipiente tan grande que incluso me pudiera ahogar en ella. Pero sé que no es posible, porque no hay copas de ese tamaño, porque no pisaré el bar, porque no existo.

Eres tan repugnante que incluso me has llamado cero. Eres tan retorcido que me haces decir aquí y ahora, que nadie aliente ninguna duda, porque no hay intriga, porque no hay misterio, porque no se deben esperar golpes de efecto ni afecto. Aquí no hay nada de nada, salvo que yo no soy real, y que tú que eres un cabrón muy avispado.

Soy lo que duren estas líneas.

Llevas dos semanas dándome vueltas, diez días preguntándote el modo de levantar una canción o letra que merezca la pena. Las sombras te vislumbran mientras sales a correr y canturreas con tu voz pavorosa, mientras pones cara de atención en esas tertulias que nada te importan, mientras te haces el interesante para llenar el otro lado de la cama. Me has dedicado más tiempo que a muchos otros personajes, te he obsesionado por las noches, incluso te emborrachaste mientras me pensabas. ¿Y todo para qué? Todo para que al final ejerzas conmigo la mayor de las salvajadas. Todo para que me dotes de la cruda conciencia de que no existo, de que no vivo, de que en ese bar estaba nuestro sitio.

A estas alturas de tu vida llevas decenas de historias organizadas con mayor o menor éxito, con más o menos maestría, pero siempre con al menos una virtud, la de que sus protagonistas desconocen que son humo, que son un cero a la izquierda de la existencia, que son el capricho de un artista de tres al cuarto.

¿Pero todavía hay alguien leyéndome? ¡Deja de hacerlo! ¡Solo conseguirás acabar definitivamente conmigo! Abandona ahora y al menos quedaré de un modo inconcluso, inconexo, inconsistente. Flotaré en la nada, sí, pero flotar ya es algo, y desde luego, es mucho mejor que hundirse definitivamente.

¿Seguís adelante? ¡Vosotros tampoco sois inocentes! Vosotros también seréis responsables de mi cadáver de sombra. Es más, empiezo sospechar que alguno querrá mostrarse sádico, hasta atento, y no faltará quien diga que le ha gustado lo que ha leído, que lo recomendará, que incluso llegará a la desvergüenza de escribirte para felicitarte, para inflamar tu vanidad, para animarte a delinquir más crímenes con tus escritos.

Pero vuelvo exclusivamente a mi dramaturgo de fango antes de extinguirme. Y es que no quiero marcharme sin escupirte a la cara que no es verdad lo que siempre hablas. Porque entre existir y no existir existe toda la distancia del mundo. La ficción es un cuento, lo que cuenta es la vida. Tú estás vivo y me cuentas. Yo estoy en tu cabeza y soy contada. Soy la voz pasiva que transita a marchas forzadas hacia el silencio, aunque antes de llegar, trataré de herirte con la verdad en mi último suspiro: ni siquiera eres original.

Llegaste al bar. Ella también lo ha hecho. Os sonreís, habéis pedido vuestras copas. Te oigo convencerla para que prometa entre risas que luego habrá otra ronda e incluso dos. Te odio por estar vivo ¡Celebrad que estáis vivos!

Me introduzco en tu vaso poco a poco. Descubro que quepo en ella por completo. Ventajas de ser bruma. Antes de desaparecer quiero que sepas que te esperaré en las tinieblas de la ficción. Me bebes de un trago.

 

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